Quintina Martín Viviano vino al mundo el 13 de mayo de 1931 en una casa que todavía existe, situada a pocos metros de la plaza que homenajea a Miguel Ángel Blanco. Es una de las pocas mujeres nacidas en Pozuelo que, además de seguir viviendo aquí, ha dado nombre a una calle.

Sus padres, Nicolás Francisco Martín y Josefa Viviano, decidieron bautizarla como Quintina porque así se llamaba su madrina. A ella nunca le ha gustado y nunca hubiera imaginado que su nombre formaría parte del callejero de la ciudad en la que nació siendo pueblo y en la que siempre ha vivido. La culpa la tuvo su marido.

Antes de casarse trabajó durante 14 años en la fábrica de curtidos de Roberto Pérez que estaba cerca de La Fuentecilla. De sol a sol colocaba pieles a secar para ganar nueve duros semanales. Como tantas otras muchachas de su tiempo que, siendo niñas, salieron huyendo de las bombas.

A Quintina Martín la guerra civil se le ha quedado grabada en la memoria. No había cumplido cinco años cuando tuvo que esconderse durante meses con su madre, su hermano de dos años -su padre estaba en el frente- y  más vecinos en una cueva situada en las tierras que el señor Basabe tenía en la actual urbanización Bularas. Allí vio morir a un hombre y dice que nunca olvidará ni la oscuridad ni el miedo ni los aviones “negros como cuervos”. Al salir del refugio marchó a Miraflores de la Sierra.

Cuando regresaron a Pozuelo de su casa, cerca de La Poza, no quedaba nada y comenzaron a reconstruir sus vidas. Ella acudiendo primero a la escuela de la calle Tahona donde daban clases Doña Germana y la señorita Angelines y cosiendo después con su tía Luisa -su segunda madre- con la que vivió desde los catorce años hasta que se casó. La mujer no veía bien y Quintina se convirtió en sus ojos. Pero asegura que sacaba tiempo para disfrutar de las fiestas y de los toros en la plaza que montaba el Tío Sabe con tablones salpicados de cemento y yeso porque procedían de andamios.

El día más feliz

Quintina Martín asegura que el 22 de octubre de 1959 fue el día más feliz de su vida. Tras cinco años de noviazgo con Martín Gómez Martín se casaron en Pozuelo. Su marido llevaba los negocios de su padre, Isidro Gómez y vendía lechugas y lombardas en el mercado de Legazpi donde tenía una parroquia estupenda. Tuvieron tres hijos: los gemelos Martín Francisco y José María y Juan Ignacio.

Un buen día Martín Gómez decidió hacerle un regalo muy especial a su mujer y decidió acudir al Ayuntamiento a registrar con su nombre la calle que separaba sus terrenos. Y ahí sigue. Junto a la del padre de Martín. Con sus adosados y su bloque de pisos. Viendo pasar el tiempo. Como la Puerta de Alcalá.

Asunción Mateos Villar

Fotos de una trinchera de Pozuelo y del pueblo en ruinas: Biblioteca Digital. Autor: Serrano (1888-1975). Procedencia: Fototeca Municipal de Sevilla.