Lonja de Las Peñuelas

LONJA LAS PEÑUELAS

En 1902 su bisabuelo, José Pérez Zafra, abrió las puertas una lonja al oeste de la prolongación de la calle Embajadores; en el arrabal de Las Peñuelas. Era un gran mercado de abastos que vendía comestibles, cereales, aceites, vinos y licores. Del desaparecido edificio se conservan las piedras. El abuelo de José Antonio Rueda se hizo una casa con ellas que sigue en pie en la urbanización La Cabaña y siguió la tradición empresarial pero cambió de negocio. Primero montó una carbonería y después una fábrica de hielo que tuvo sucursal en nuestra calle Campomanes. A orillas de un arroyo. Justo donde discurrió la infancia del presidente de la Asociación Vecinos por Pozuelo.

Dice Tono -se me hace raro escribir José Antonio- que la empresa de sus padres se llamaba Frajo porque eran las iniciales de sus nombres, Francisco y Josefina, pero que la mayoría de los habitantes del pueblo no lo sabía y la conocían como fábrica de hielo. Abrió sus puertas en 1961 y hasta 1975 abasteció a mayoristas como Renfe, que compraba barras de veinte kilos para sus trenes de largo recorrido (coches-cama), minoristas como Saturnino García y particulares como los vecinos de la Fuentecilla. “Me acuerdo sobre todo de la abuela de Yolanda Pérez, venía con un cubo de lunares, se llevaba su cuartillo y nos daba caramelos”.

La fábrica de hielo era una nave grande con un tanque de agua salada que se enfriaba gracias a un circuito. En el depósito se metían moldes llenos de agua dulce que al entrar en contacto se convertían en barras de hielo de un metro. A ojos de un niño aquello era como una piscina enorme de la que había que mantenerse alejado. Como de la grúa que sacaba los recipientes y los trasladaba a la rampa de madera por la que bajaban rumbo a la cámara frigorífica que los mantenía a 0 grados. Detrás del espacio destinado a maquinaria había un almacén más pequeño con las bebidas frías que también se vendían al público.

Pepe Sánchez fue durante años el encargado y partía a la perfección las barras con un simple gancho. Francisco Rueda estuvo un tiempo al frente del negocio y repartía los pedidos en moto y camión. Pero a comienzos de los setenta tuvo que hacerse cargo de la fábrica de hielo de Madrid en la que Tono trabajó algún que otro verano para sacarse un dinerillo y, a diferencia de lo que cualquiera pudiera pensar, pasó más calor que frío. Por cierto -me dice- mi tío abuelo introdujo los primeros cubitos de hielo en Madrid con una máquina Scotsman que trajeron de Estados Unidos. La empresa americana tiene ahora su sede en Alcorcón.

¿Cómo resultó aquella primera experiencia laboral?
Muy interesante. Todo me llamaba la atención; que los cubitos de hielo tuvieran una forma patentada, que se metieran en cajas de cartón una vez embolsados y se anotase el número de cajas vendidas, los primeros repartos a gasolineras, el hielo picado para las pescaderías… Los fines de semana recibíamos a feriantes y vendedores de Las Ventas y campos de fútbol madrileños. Mi función era envasar de cinco en cinco, anudar y al carrito.

Por entonces, su patio de recreo junto al arroyo había quedado atrás. Lejos su primera escapada en solitario a La Cabaña con seis años, sorteando el corral de ovejas, con la bicicleta pinchada para que el señor Conejo se la arreglase o el intercambio de cromos. Y algo más cerca su primer beso a los pies del lavadero de La Poza; ese que contó en público en una sesión plenaria para ilustrar su intervención sobre el histórico lugar.

El “Ramiro” y la Casa de la Radio

Tono comenzó la EGB en el colegio Santa María de los Ángeles del barrio de la Estación convertido hoy en residencia de madres solteras pero sólo estuvo un curso en el centro. Luego su padre le matriculó en el Ramiro de Maeztu porque así podía llevarle de camino al trabajo. De paso jugó al baloncesto en el equipo fundado por Antonio Magariños. “Hasta los nueve años estuve jugando en el  Estudiantes pero no crecía al ritmo que otros alumnos. Tuve de compañero a Nacho Azofra y coincidí con José Miguel Antúnez que estaba en la clase de mi hermano”.

Fue alumno del Ramiro hasta primero de bachillerato y estudió un año en Majadahonda a la espera de plaza en un nuevo instituto que estaban construyendo en Pozuelo. En el Camilo José Cela terminó el bachillerato y curso COU. Luego se matriculó en la UNED para convertirse en ingeniero industrial pero lo faltó un año. Debió ser por entonces cuando con unos amigos se hizo una sesión de fotos en plan modelo. “Alguien nos comentó que había una agencia en la que podías apuntarte para hacer anuncios y que era un trabajo bien pagado. Para eso necesitábamos un book que nos harían encantados previo pago. Después nunca nos llamaron”.

Aunque no pudo ganarse la vida como modelo nunca dejo de buscársela. A saber. Poniendo copas los veranos en un bar de Villa del Prado, dando clases particulares, de facility manager o como reclamista publicitario… vamos vendiendo llaveros a puerta fría.

Hasta que la informática de sistemas entró en su vida. Lo que al principio se tomó como una afición acabaría convirtiéndose en profesión. Inquieto por naturaleza se presentó a unas oposiciones de conserje y quedó en lista de espera. Pero le llamaron para una sustitución y de la noche a la mañana se convirtió en becario informático de la biblioteca central de la UNED. Y allí terminó de picarle el gusanillo…

¿Eres ingeniero técnico de informática de sistemas?
No exactamente. Los estudios eran tres años y sólo hice dos pero trabajé como técnico de sistemas en Radio Nacional de España. En la Casa de la Radio comencé con los antepasados de los Mp3. Luego hice un Master de Programación y me salió un trabajo en una empresa de servicios; me mandaron a Bankinter a programar el robot de voz. Aquella era la época dorada del sector laboral y solían salir cosillas. Me fui a una multinacional de bolsa para trabajar en un sistema de reconocimiento de voz pero una empresa alemana se hizo con la compañía y el proyecto no salió adelante. Entonces empecé a dedicarme a las comunicaciones y centralitas, líneas de datos… Hasta estuve un par de veces en Alemania y acabé dirigiendo el departamento de Comunicaciones e Infraestructuras.

Con treinta años tenía un cargo de responsabilidad pero también una espinita clavada; no haber sacado adelante su proyecto IVR (Sistema de Reconocimiento de Voz). Así que no se lo pensó dos veces y montó una empresa dedicada a las nuevas tecnologías. Poco después cayeron las Torres Gemelas de Nueva York y el sector se vino abajo con ellas. Como los ahorros y la aventura emprendedora de Tono. Pero dos años después una instancia del Ayuntamiento lo cambió todo.

¿Cómo surge lo de ser funcionario de la administración local?
En 2003 nació mi hija. Mi mujer estaba de interina como auxiliar en el Ayuntamiento y en su baja maternal salieron las oposiciones. Sus compañeras le trajeron la instancia a casa y yo les pedí una también para mí. Nos presentamos más de 2.000 personas para 25 plazas. Saqué el número 3. Me convertí en funcionario gracias a los esquemas de mi pareja y a los exámenes relacionados con la informática. Desde entonces, con el parón de una legislatura, trabajo como auxiliar administrativo. Ahora en el área de Salud Pública.

Sus primeros pasos los dio en la de obras y de ahí a contratación y cultura. Asegura que en los diferentes departamentos veía cosas que no le gustaban y aquello fue haciendo crecer su espíritu crítico y su vena política. Hasta que el 2009 decide meterse en algún que otro “berenjenal” y acaba encabezando la lista a las Elecciones Municipales de 2011 por Unión Progreso y Democracia (UPyD). Según Tono, un partido desaparecido, entre otras cosas, por culpa de los poderes fácticos.

¿Qué recuerdas de tu etapa de portavoz en la Corporación Municipal?
Pues que antes de llegar repartí muchos folletos en el mercadillo. Comencé como simpatizante del partido de Rosa Díez y luego me afilié y empecé a trabajar para intentar cambiar las cosas en Pozuelo. Lo que se hizo en las instituciones fue muy bueno. La corrupción era nuestro caballo de batalla; se trataba de levantar las alfombras y de abrir las ventanas y de que hubiera más transparencia y mayor participación ciudadana. Creo que todo eso se logró en los cuatro años que estuvimos en la oposición defendiendo la buena gestión y poniendo sobre la mesa cuestiones importantes vinculadas al urbanismo. Como ARPO y su colector. Ah! y recuerdo que ahora los plenos se retransmiten en directo vía internet gracias a una propuesta de UPyD.

“Venimos a hacer la calle”

A pesar de todo reconoce que queda mucho camino por recorrer. Que Pozuelo es un sitio complicado para llegar a la gente porque la mayoría de los vecinos sale de aquí por la mañana y regresa por la noche. Pero que hay que intentarlo. Por eso acaba de embarcarse en un nuevo reto que le tiene muy ilusionado y que responde al nombre de Vecinos por Pozuelo. Es una asociación que nace con el objetivo de potenciar la unión entre los diferentes colectivos vecinales. Porque es la que hace la fuerza. José Antonio Rueda -ahora sí me sale- es su presidente.

¿Qué te lleva a poner en marcha Vecinos por Pozuelo?
La necesidad. Yo creo que es muy importante que los vecinos puedan expresarse a través de la sociedad civil porque unas elecciones cada cuatro años no son suficientes. Las asociaciones son el mejor vehículo para llegar a la gente y no una revista municipal, que pagamos todos, convertida en galería de fotos de la Alcaldesa. Vecinos por Pozuelo nace para apoyar el tejido asociativo existente y para que crezca porque hoy por hoy no puede aflorar. Por poner un solo ejemplo, la mesa de asociaciones no se reúne desde 2014. La lectura está clara: aquí lo que interesa es que no haya participación. Hay colectivos que ni siquiera tienen donde reunirse. Creo que hace falta que alguien diga vamos a ponernos en marcha. Lo próximo que queremos hacer es reunir de forma externa la Mesa de Asociaciones e invitar a participar al Ayuntamiento.

Tono afirma que Vecinos por Pozuelo viene para hacer la calle y sin intención alguna de pedir subvenciones. La idea es que funcione con la cuota de los socios y fuentes de financiación externas como la venta de lotería que les ha permitido comprar una impresora láser y una guillotina. “Vamos a recorrer la ciudad para darnos a conocer y contamos con la ayuda de las redes sociales para difundir nuestras acciones y las de otros”.

El presidente de Vecinos Por Pozuelo está convencido de que, tanto a nivel institucional como asociativo, falla la comunicación y promoción de actividades. Esta servidora también y por eso intenta aportar su granito de arena para combatir la desinformación. También a través de las redes sociales. Desde donde muchos vecinos acceden a un patio que es el suyo. Hoy protagonizado por un lugareño al que el próximo año veremos en carteles electorales.

Asunción Mateos Villar
Fotos: Noel de las Heras