Hablando con la lavandera
Solía acompañar a mi abuela cuando trabajaba, cuando lavaba aquellos montones de ropa de sus jefes en aquel lavadero de Pozuelo de Alarcón. Allí empezaba ese arroyo en donde muchas mujeres como mi abuela se dejaban las manos, la piel y buena parte de su salud para que las sábanas y el resto de la ropa quedara más limpia que limpia. En ese lugar, frecuentado diariamente por lavanderas que llevaban sus canastas llenas de ropa que no era suya, empecé a descubrir el mundo, a relacionarme con la gente, a saber lo que me esperaba en el futuro. Cada...
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