Año tras año, verano tras verano se repite la misma historia con los incendios en las zonas de montaña, en los bosques de la España rural, en los pequeños pueblos de paisajes agrestes… Durante unos días, y hasta que se sofocan las llamas, el fuego y la destrucción que conlleva protagonizan la actualidad del país, suscitan el interés de la opinión pública y son la noticia estrella en programas televisivos, de radio o en redes sociales con el consiguiente despliegue de reporteros y curiosos. Poco después, los medios informativos se marchan y por tanto la atención de la gente se pone en una nueva noticia. Como si de una obra de teatro se tratara, se apagan las luces de las llamas y se baja el telón y, cada uno de nosotros volvemos a los problemas cotidianos, que no son pocos…
Siempre percibimos esos fuegos lejos y como meros espectadores, afortunadamente. Pero este verano las cosas han cambiado porque esa especie de lotería que son los incendios forestales los hemos tenido un poco más cerca. Y es que, durante varios días de la semana pasada, el humo proveniente de los incendios simultáneos de Burgohondo en Ávila, de Almorox en Toledo y de San Martín de Valdeiglesias en Madrid ha provocado que en Pozuelo de Alarcón se notara olor a quemado, cielos oscuros e incluso cayeran algunas cenizas o pavesas de pequeño tamaño.
En tan solo una semana se han quemado unas 80.000 hectáreas (cifra todavía provisional) en esos tres focos muy próximos entre sí y pertenecientes a tres comunidades autónomas distintas. Además, el fuego, que al igual que en otras tantas cosas de la vida no entiende de fronteras administrativas, ha traspasado los límites autonómicos y así, por ejemplo, el originado en Almorox en Castilla-La Mancha se ha propagado a Villa del Prado en la Comunidad de Madrid. A su vez, el humo del incendio de Burgohondo, el más grande de la historia reciente de nuestro país con 60.000 hectáreas aproximadamente calcinadas hasta el momento (sigue estando activo), ha afectado de lleno a Madrid la ciudad más poblada de España y a su área metropolitana ya que nuestras actividades se han visto alteradas con recomendaciones de no salir a la calle si se tienen problemas respiratorios, uso de mascarillas, ventanas cerradas, suspensión de eventos…
Situaciones menores en comparación con el verdadero drama que sufren miles de evacuados de sus hogares que no saben que encontrarán a su regreso. Nuestra ciudad, al igual que otros pueblos de la región, les ha abierto sus puertas. Las autoridades municipales enseguida pusieron a disposición de los afectados las instalaciones del Valle de las Cañas y del polideportivo Daniela Kaiser, donde, hasta hoy han estado alojados una treintena de evacuados. En otros municipios como Las Rozas, Móstoles, o Alcobendas, ciudadanos anónimos han colaborado ofreciendo techo, donando comida, realizando voluntariado, o incluso prestando sus campos para acoger a los animales de las zonas afectadas.
Sin duda, esta vez las autoridades cooperando entre ellas han acertado evacuando y previniendo cualquier riesgo para la población y las evacuaciones y confinamientos han llegado a casi unas 90.000 personas. Afortunadamente, no se tiene constancia de heridos o fallecidos, tanto de residentes como de personal de extinción, muy expuestos y arriesgando su vida en la lucha contra un enemigo feroz y desigual.
De quinta y sexta generación
Actualmente, los incendios son cada vez más y más voraces. La regla del 30-30-30 que desde hace unos años a esta parte se nos ha enseñado como límite sobre el cual los incendios se propagan con una voracidad extraordinaria se han quedado corta. Durante este mes de julio en prácticamente toda España y también en las zonas quemadas hemos vivido inmersos en una ola de calor constante.
En nuestra ciudad, en Pozuelo de Alarcón y a modo de ejemplo, la temperatura media de julio se situará en torno a los 3º por encima de la media para este mes. En lo que va de verano llevamos tres olas de calor y esta semana probablemente tendremos la cuarta. Los periodos de alivio térmico han sido tan breves y suaves que apenas nos hemos dado cuenta. La vegetación por supuesto tampoco y está completamente seca en los montes, siendo un combustible perfecto.
Una vez más se plantean los mantras que se repiten constantemente en estas situaciones: “el monte no está limpio”, “el abandono rural”, “el cambio climático” y muchos más que en estos días seguramente estemos oyendo. No nos quedemos en el slogan y ahondemos más en estas cuestiones.
En primer lugar, el monte no puede estar como un parque de una ciudad, no podemos pretender que sea un manto de césped verde. Tiene que tener su parte salvaje y su parte más o menos tocada por la mano del hombre. No existe un solo tipo de bosque sino muchos, tantos como climas y clases de suelo. No podemos tener el mismo bosque en el Cantábrico que en el centro o en el sur de España, ni con las mismas especies arbóreas. Cada tipo tiene que tener su propio cuidado y aprovechamiento y, por lo tanto, una regulación distinta. En segundo lugar, el abandono de los montes está motivado por la escasa población de las áreas rurales además muy envejecida y, por eso, incapaz de realizar las labores necesarias para mantenerlo limpio. A todo lo anterior, se suma que esas labores de limpieza, de plantación, aclareo, poda, pastoreo, etc., no son ni atractivas ni rentables a corto plazo o incluso ocasionan gastos. El beneficio de cuidar y gestionar los bosques por parte de la población rural debe ser valorado por las autoridades europeas, nacionales, autonómicas y locales propiciando ayudas económicas y también, y no menos importante, reduciendo la burocracia administrativa que a día de hoy es infinita con unas normas menos restrictivas.
Y, por último, hablemos del cambio climático. Sí, efectivamente, el clima y las condiciones meteorológicas actuales, cada año tienden a ser más cálidas y, por lo tanto, se agudiza la aridez en la estación del verano. Debemos luchar contra él, sí, pero no echar solamente la culpa de los incendios al cambio climático; eso es echar balones fuera, sobre todo en la parte de la ignición, pues casi todos los incendios son iniciados por la mano del hombre ya sea con intencionalidad o por accidente fortuito. Después, sí, queda probado que son más voraces y más imparables que nunca por causa del cambio climático generando auténticos monstruos contra los que muchas veces es imposible luchar. Son los denominados fuegos de 5ª y 6ª generación.
Mejor prevenir
Una vez más se deben tomar medidas y como dice el refranero español, “es mejor prevenir antes que curar”. Y algo también muy importante, una llamada de atención a todas las administraciones: se debe curar la herida abierta estos días en el corazón del Sistema Central y no olvidarnos de las zonas afectadas y de sus habitantes. Estamos hablando de una zona muy visitada por nosotros, los madrileños. ¿Quién no ha ido alguna vez al pantano de San Juan o ha visitado el valle de Iruelas? ¿Quién no se ha refugiado en días como éstos de intenso calor, en alguna de las piscinas naturales alimentadas por el agua de las gargantas que bajan desde las cumbres de Gredos? Ávila es una provincia donde muchos pozueleros tenemos nuestras raíces.
Y por favor, que no suceda como en otras ocasiones, que las ayudas y las reconstrucciones prometidas lleguen cuanto antes a las áreas ahora calcinadas para primeras viviendas, para infraestructuras públicas, para el levantamiento de nuevos negocios que en su mayoría tendrán que reinventarse pues la zona en gran medida, vivía del turismo. Y en cuanto a la reforestación, hagámosla con cabeza, con especies autóctonas, en los lugares indicados, manteniendo los árboles en su etapa inicial y en un futuro uso y con gestión sostenible. No hay nada más contaminante en el presente y en el futuro que un bosque en llamas.
Con esta situación histórica, catástrofe sería un buen término, los núcleos urbanos hemos comprobado que no somos tan ajenos a esta problemática que lleva existiendo años, décadas. Quiero pensar que hemos aprendido que los incendios no están tan lejos de nosotros, que nos pueden llegar en primera línea o en sus efectos colaterales en cualquier momento. Por ello, la acción de las administraciones públicas a todos los niveles en pro de estos lugares ha de ser efectiva y real pues, lo que pasa en la España rural o despoblada incide también en la España urbana y mega poblada.
Texto y fotografías:
Raúl Martín
Meteorólogo
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