La Unidad Canina de Intervención de la Policía Municipal crece y se multiplica. Aunque todavía no se ha presentado en sociedad -podría ocurrir en breve- está llamada a convertirse en un referente en la comunidad de Madrid. Basta una tarde con los agentes de cuatro patas y sus guías, para comprender que la suya es una misión difícil. Pero no imposible. Para la que se preparan desde hace meses. Hasta Ratón, el pastor alemán de Víctor, veterano del grupo (ocho años) y con sobrada experiencia en la detección de drogas, está participando en una formación que va a permitir a sus jovencísimos colegas caninos, tres pastores belgas malinois; un macho, Rocky y dos hembras, Kali y Luna, velar por la salud y la seguridad ciudadana. Ninguno de los tres ha cumplido un año pero ya han vivido sus primeras fiestas patronales a pie de calle. Con fuegos artificiales y todo.
Pozuelo de Alarcón fue una de las primeras ciudades de la región en contar con perros policía. De eso hace más de una década. Por entonces pocos imaginaban que lo que empezaba como experiencia piloto se convertiría en una unidad de intervención fundamental a nivel operativo. Sobre todo cuando se trata de eventos o celebraciones multitudinarias. La tarea principal de la Unidad de Intervención Canina es detectar drogas.
El pastor belga malinois es el perro policía ideal por su capacidad de trabajo, inteligencia, fuerza física, velocidad y rastreo. Los nuestros, Rocky, Kali y Luna son todavía cachorros pero han pasado la prueba de fuego debutando con éxito en el recinto ferial durante las Fiestas del Carmen y la Final del Mundial. Como en su momento lo hizo Ratón. Disuadiendo y detectando, además de sustancias habituales como hachis y marihuana, tusi (o cocaína rosa) una droga sintética altamente peligrosa.
Que como La Roja son campeones y campeonas es evidente. Todavía están en periodo de formación pero aprenden rápido gracias al entrenamiento de los agentes que viven y trabajan con ellos; Víctor, Julián, Rubén y Juan José. No son sus mascotas, aunque les alimentan, les pasean, juegan y les llevan al veterinario. Son perros policía y se están preparando como auténticos agentes de élite. Sometidos, sobre el terreno, a un nivel de estrés inimaginable. Si te los cruzas mírales con orgullo porque forman parte de tu comunidad. Pero respeta su espacio porque están trabajando.
Furgones y recintos
No es casualidad que la Policía Municipal, con más de un siglo velando por nuestra seguridad, sea puntera. Ni que Pozuelo de Alarcón ostente el título de una de las ciudades más seguras de España. La modernización del cuerpo en los últimos años y la incorporación de sistemas de vigilancia como los drones han contribuido a ello.
Y, por supuesto, la unidad de intervención canina es una de las joyas de la corona. Por eso, hay que dotarla de medios. Que están en camino. Como el nuevo furgón que llegará pronto (el actual solo permite el traslado de dos perros). También está en estudio disponer de una zona de entrenamiento adaptada a sus necesidades. Porque el circuito de comisaría no reúne las condiciones básicas. La buena nueva es que podría hacerse realidad en breve. Ojalá. Ratón, Rocky, Kali y Luna lo están pidiendo a ladridos. Dos de ellos desde que fueron adoptados en protectoras de animales.
Porque están aprendiendo pero necesitan entrenar en las mejores condiciones para soportar, por ejemplo, diez o más minutos de fuegos artificiales y otros sonidos, como petardos, tiros o sirenas, que para ellos son como de guerra. O las luces, casi estroboscópicas, de las atracciones. Víctor, Julián, Rubén y Juan José los están acostumbrando a diferentes tipos de escenarios para que nada impida su labor policial presente y futura. Para ellos la tarea tampoco es fácil y requiere, además de un amor incondicional por el animal, de paciencia y de resistencia a la frustración.
La crianza
Porque lo suyo va más allá de comandos. Se trata de un proceso de aprendizaje compartido. De una crianza en la que el cariño y la protección se mezcla con la tarea encomendada. Los cuatro son conscientes de que no pueden trabajar con perros que tengan miedo y eso es un reto. “El ruido de la vida no puede distraerles a la hora de hacer un trabajo operativo de detección de sustancias o si se está cometiendo un delito”.
Lo de los chicos de la canina es una labor silenciosa más allá de las instalaciones policiales. Que no termina con el turno. Sus familias han tenido que adaptarse a la nueva situación. Respetando a los agentes perrunos y entendiendo que son una herramienta de trabajo. Además de su misión. Sobre todo ahora que son cachorros y absorben como esponjas. Cualquier gesto o movimiento lo detectan rápidamente y su comportamiento puede ser determinante. Si además conviven en casa con otros animales como Kali -varios- o Luna -un gato- hay que preparar un poquito más el terreno.
A pesar del esfuerzo, Víctor, Julián, Rubén y Juan José están encantados con sus “parejas de baile”. Sobre todo Rubén que dice haber hecho realidad un sueño. Sienten un amor profundo por los animales y eso ayuda bastante. Coinciden en describir su cometido como algo bonito y gratificante. Que tiene sus momentos malos. Como a Aníbal Smith (el jefe del Equipo A), les encanta que los planes salgan bien. Pero su rutina no es una serie de televisión de los ochenta.
Lejos de tirar el mordedor o la pelota, salvo cuando es necesario, siguen patrullando a diario por y para los vecinos. Con la ayuda de profesionales. Reforzando aprendizaje, comandos y el Marcaje Lapa, un sistema de trabajo para la detección de drogas que ha convertido a la Policía Local de Burgos en centro de referencia nacional en formación canina. Acaban un curso en septiembre. Aunque vendrán más afrontan la recta final con una energía sorprendente.
Son incansables e inasequibles al desaliento. Los cuatro llevan trabajando juntos poco tiempo. Como sus perros. Pero han hecho piña. Forman una pequeña familia en construcción, dentro de otra más grande, que se ayuda y comparte éxitos. Como cuando Ratón encontró droga en un rincón remoto del hueco de un ascensor. O los cachorros en agujeros del hormigón.
Nada de eso -y mucho más imposible recoger en un reportaje de aproximación- habría sido posible sin el impulso de Jefatura ni el gran apoyo, a todos los niveles, del Ayuntamiento. Que no falten nunca. Nos va la salud y la seguridad en ello.
AGENTES EN ACCIÓN
Víctor y Ratón
Julián y Rocky
Rubén y Kali
Juan José y Luna

