Entre reuniones, expedientes y llamadas de teléfono, subidas y bajadas en el ascensor, olfateos por los pasillos, saludos en los despachos… En el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón hay dos nuevas incorporaciones a la plantilla que no pasan desapercibidas. Porque tienen cuatro patas. Aunque no llevan uniforme de ordenanza, su sola presencia genera sonrisas, conversación y, sobre todo, refleja un claro ejemplo de compromiso social.
Se trata de Daiqui y Lenox, los cachorros que forman parte del programa de educación de la Fundación ONCE del Perro Guía. De la crianza, en sus primeros meses de vida, se encargan Lucía Molares, Concejal de Economía, Hacienda, Digitalización y Segunda Teniente de Alcalde y María Elena Garrido, Titular del Órgano de Contabilidad. Ellas han asumido esta responsabilidad dentro de su rutina laboral, convirtiendo la casa consistorial en un escenario de aprendizaje para estos futuros guías.
La iniciativa, que surgió a raíz de un convenio de colaboración con la ONCE, convierte a Pozuelo de Alarcón en uno de los primeros ayuntamientos que se han embarcado en la aventura de asumir, como un auténtico reto, esta etapa fundamental de la formación de los perros guía.
Para muchas personas con discapacidad visual, supone más que una simple compañía. También una herramienta de movilidad, independencia y seguridad que permite desplazarse con mayor autonomía. Sin embargo, antes de llegar a ese momento, los animales deben atravesar un largo proceso de formación. Todo comienza con la etapa de socialización, que dura aproximadamente un año y que es clave para el desarrollo del perro.
Durante este periodo, conviven con familias o voluntarios que se encargan de educarlos, introducirlos en diferentes entornos y enseñarles comportamientos básicos. El objetivo fundamental es que se acostumbren a la vida cotidiana y aprendan a desenvolverse con tranquilidad en cualquier situación. Es el caso del Ayuntamiento. La presencia de los perros en el corazón administrativo de la ciudad permite exponerlos a distintas situaciones como circulación de personas, reuniones internas, encuentros en espacios públicos, ruidos o desplazamientos.
Daiqui y Lucía, los pioneros
Uno de los protagonistas de esta historia es Daiqui, un cachorro de labrador que acompaña a Lucía en su día a día laboral y en gran parte de sus rutinas. Llegó al ayuntamiento con apenas dos meses de vida y desde entonces se ha convertido en un miembro más de la administración local. Antes de las ocho, el futuro perro lazarillo, está listo para iniciar la jornada entre despachos, saludos de compañeros y pequeñas sesiones de aprendizaje. La concejal de hacienda asegura que esta etapa es fundamental para su desarrollo. “Lo importante es que el perro se enfrente a muchas situaciones de la vida diaria para que en el futuro no tenga miedos y pueda adaptarse a todo”.
El objetivo de esta primera fase no es solo enseñar comandos como sentarse, tumbarse o quedarse quieto. También se trata de que el animal se acostumbre a convivir con personas, ruidos, transportes y en entornos públicos. Porque como dice Lucía para que pueda ser un buen perro guía tiene que vivir muchas experiencias. Como entrar en restaurantes, recorrer centros comerciales o acostumbrarse a múltiples situaciones. Durante esta etapa también se evalúan aspectos de salud y comportamiento que determinarán si el cachorro es apto para convertirse en guía. Entre otras cosas, los especialistas analizan su carácter, capacidad de aprendizaje o reacción ante estímulos externos.
La idea de acoger un cachorro de la Fundación ONCE del Perro Guía comenzó a gestarse cuando Lucía conoció la experiencia por un antiguo compañero que participaba en este programa. Aquello despertó su curiosidad y empezó a informarse sobre cómo podía colaborar. Le parecía una forma bonita de implicarse en una causa justa y, de paso, ayudar a los demás. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que el proyecto requería una condición básica: el cachorro no podía quedarse solo durante largos periodos de tiempo. Fue a raíz de una visita de la alcaldesa a las instalaciones de la Fundación ONCE del perro Guía para conocer su actividad cuando a la primer edil “le pareció una idea muy interesante; una forma muy bonita de colaborar con la ONCE y dar visibilidad a su labor” por lo que propuso llevarlo a cabo en el Ayuntamiento de Pozuelo y en el momento en el que la concejal de Hacienda se prestase voluntaria para participar como formadora de un perro guía.
La aparición de Daiqui en noviembre fue recibida con entusiasmo por muchos trabajadores municipales. Durante semanas, compañeros de diferentes áreas que sabían de su incorporación, estaban deseando conocer al nuevo miembro del negociado de Hacienda. Su titular lo recuerda como un gran acontecimiento. El cachorro despertó un cariño y una sensibilidad especial entre los empleados. “Fue como cuando llega un recién nacido. Todo el mundo quería venir a verlo y a saludarlo”.
El pequeño Lenox
Daiqui no sólo ha generado interés y ternura. También ha creado escuela. El compromiso social ha aumentado con otro labrador, Lenox. Con apenas tres meses, todavía está en una fase muy temprana de socialización pero ya ha conquistado a quienes se lo cruzan por los pasillos. Ha llegado con el mismo objetivo: contribuir a que, dentro de unos años, más personas con discapacidad visual puedan contar con un guía canino que mejore su autonomía.
Cuando conocimos a Lenox volvía de una visita al veterinario con María Elena. Le habían puesto las vacunas y estaba adormilado. Pero sacó fuerzas para saludar y posar tranquilo ante la cámara.

