Dice que no es deportista profesional pero el atletismo, la escalada, el buceo, el esquí y sobre todo la bicicleta de montaña han sido una constante en su vida. Pertenece a una conocida familia que llegó a la Estación de Pozuelo hace medio siglo. Huyendo del ruido metropolitano. En busca de campo. Con sus cuatro hermanos comparte inquietudes y el nombre de su padre: Herena. Me la presentó Jesús Trapero en un bar de conciertos y planeamos una entrevista. Había material y del bueno: vecina, mujer, trabajadora, deportista y con sala de trofeos. Que tuviera cincuenta y cinco años era secundario. O no. Porque este que acaba -con uno más- Amparo Herena Sánchez ha ganado la Škoda Titan Desert Almería en la categoría master cincuenta. La competición, que recorre los escenarios de las películas de vaqueros, es mucho más que una carrera de MTB. Son cuatro días de retos deportivos y personales. Una experiencia única en la que tuvo que medir sus límites sobre la bicicleta. Algo a lo que está acostumbrada tras su participación en pruebas como las MTB Pilgrim Race, Mongolia Race o la Transpyr Coast to Coast que cruza los paisajes más impresionantes de los Pirineos; de mar a mar. Durísima y conocida internacionalmente como una de las TOP 10 Mejores Carreras por Etapas.

Habla con el entusiasmo de la alumna del Liceo Sorolla que ganó, con trece años, un campeonato nacional de atletismo. A comienzos de los años ochenta en Málaga. Su profesora de gimnasia, Carolina de La Reina, detectó en ella cualidades para formar parte de equipo del colegio. Recuerda que para establecer un primer contacto con el resto de integrantes quedaron a la hora del recreo y su sorpresa fue tremenda cuando se encontró allí a dos de sus hermanos. Puede que de casta le viniese a los galgos. Su padre había sido atleta y llegó a competir con Miguel de la Cuadra Salcedo.

Ahora, con décadas de práctica deportiva a sus espaldas -mejor a sus piernas-, Amparo Herena reconoce que aquello fue el comienzo de una relación con varias disciplinas que ha mantenido en el tiempo y que en los últimos años se plantea como retos. Lo primero fueron los cuatrocientos metros lisos y lo segundo las carreras de fondo y de montaña. Luego otros deportes como la escalada, la bicicleta de montaña y de carretera y aficiones como el esquí y el buceo.

Ni siquiera en la universidad -estudió estadística- se desvinculó del atletismo y formó parte del equipo universitario. Entrenaba, estudiaba y trabajaba. Porque es inquieta por naturaleza y con veinte años quería exprimir al máximo los días y obtener algún recurso económico. “Me buscaba la vida con algún trabajito de comercial hasta que en 1994 encontré un empleo que podríamos calificar de serio”.

Desde entonces ha trabajado en diferentes empresas relacionadas con el sector financiero. Una de ellas le llevó a Inglaterra y recuerda que la experiencia fue un poco dura. Era la primera vez que salía de España y se encontraba algo perdida lejos de casa. Hasta que sus padres le recomendaron contactar con Paulino, el hijo de unos amigos que también andaba por tierras británicas. Resulta que el chico era aficionado a la escalada y fueron a un rocódromo. “Me enseñó a hacer el ocho, aseguré el grillo y me puse a trepar. Cuando terminé bajé y no se creía que aquel era mi primero contacto con la escalada. Luego hicimos algunas salidas a la montaña y, al regresar a Madrid, decidí mejorar mi técnica, primero a cubierto y luego en La Pedriza, porque me veía fuerte y quería atreverme con nuevos deportes. Por aquel entonces fueron también mi bautismo de buceo y mis primeras inmersiones”.

Aunque lo suyo es la tierra firme. Lisa, irregular, montañosa o arenosa. Sobre ruedas. Algo que seguro no imaginaba cuando rescató la bicicleta familiar del trastero y la puso a punto. Se ha especializado en competiciones MTB aunque no ha dejado de participar en carreras solidarias y duatlones. Muchas veces con su marido, Jorge, con quien comparte aficiones y retos.

  • ¿Qué destacarías de tu trayectoria y palmarés deportivos en MTB sola o en compañía?

La Pilgrim Race en la que competimos en 2017, 2018 y 2019 con podio por parejas mixtas los tres años. También la completa Transpyr de 2019 que acabamos dentro del tiempo establecido, quedando finalista. Todo un logro teniendo en cuenta que dura siete días y que la etapa más corta es de nueve horas subidos a la bicicleta. Ese mismo año había participado en la Mongolia y en la Madrid-Lisboa. La Titan Desert de Marruecos fue otra experiencia increíble; es una competición épica del ciclismo de montaña. Y, por supuesto, la victoria en la Titan Desert de Almeria. Ya había participado en 2023 pero este año, por primera vez en la historia, hubo podio master 50 y he quedado la primera. Es un orgullo y me hace especial ilusión comprobar que cada vez hay más mujeres, con más de cincuenta, enfrentándose a retos deportivos. Con varias etapas. A prueba de rocas o dunas.

Sin darnos cuenta habíamos acabado el café y seguíamos hablando de localizadores, cuarenta y cinco grados sin sombra, jaimas, paisajes y ruedas dobles o tubelizadas. Hasta de tolvaneras, indios y vaqueros. Es lo que tiene ser la vigente reina del desierto (almeriense).

Quizás en Semana Santa lo sea de las pitiusas. Su bicicleta ya está preparada para, además de viajar en maleta, hacerlo en la bodega de un avión.

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