Lleva el nombre del primer marqués del valle de Oaxaca pero su hazaña supera la conquista de nuevos mundos. Que quizás también haya logrado. Porque al despertar de un coma inducido todo se volvió nuevo y desconocido. Hernán Cortés Soria ha sobrevivido al síndrome Guillain-Barré, una enfermedad poco frecuente en la que el sistema inmune ataca al nervioso periférico. Los nervios se muestran incapaces de transmitir señales. Aunque el cuerpo no responde el cerebro y la mente están intactos. Desde aquella soleada mañana de enero han pasado dos años, muchos meses de hospitalización, sacrificio y un esfuerzo prácticamente sobrehumano. Al que resta importancia diciendo que sólo decidió. Apostó por la vida. Como ha podido contarlo lo hace en “Que no te pille un Guillain-Barré”. O ciento veintinueve páginas en las que narra su experiencia y abre la puerta a la esperanza. Se las sabe de memoria. Lo deduje tras la animada conversación que mantuvimos otra soleada mañana de otro enero. A medio camino entre el Pueblo y la Estación.
Tras un paseo con su perrita por esa zona de Pozuelo de Alarcón y comer en familia comenzó a sentir un hormigueo intenso y pesadez en manos, brazos, piernas y pies. Con enorme dificultad y la ayuda de los suyos pudo levantarse mientras notaba como se le paralizaba la boca y tenía problemas para hablar correctamente. Por los síntomas podría ser desde un ictus pero una doctora familiarizada con un síndrome poco frecuente acertó con el diagnóstico. Así comenzó la pesadilla que Hernán Cortés describe como una experiencia de vida; como una lucha por sobrevivir. Algo que no es fácil cuando te pilla un Guillain-Barré.
- ¿Qué es el síndrome Guillain-Barré?
Es una enfermedad poco frecuente en la que el sistema inmune de una persona ataca a su propio sistema nervioso periférico destruyendo los nervios. Hay varios grados de afección. Yo tuve un ataque axón mielítico, el más grave, por lo que mis nervios se destruyeron desde la raíz. Como consecuencia de ello se vieron afectados todos los músculos; desde la cara a los pies y los órganos y sistemas internos que realizan las funciones vitales.
- ¿Cómo actuaron los médicos cuando llegaste a urgencias?
Con ese cuadro clínico no quedaba otra que inducirme un coma y practicarme una traqueotomía para conectarme a un respirador artificial porque ni mi diafragma ni mis pulmones funcionaban. Me introdujeron sondas y vías arteriales y venosas para alimentarme y medicarme y me filtraron la sangre para retirar los anticuerpos malos. Luego me inyectaron anticuerpos sanos para bloquear los antígenos causantes de la enfermedad para iniciar el proceso de regeneración de mis nervios. Algo que puede llevar años si es que consigues sobrevivir a los primeros meses.
- Pero tú lo conseguiste a pesar de la gravedad y los pronósticos…
Efectivamente. Aunque tenía que partir de cero. Es una enfermedad muy cruel que te convierte en un ser inerte. No podía moverme ni hablar ni realizar ninguna función. Tuve que aprender a hacer las cosas que llevaba haciendo desde que nací y que hasta ese momento realizaba de forma mecánica e involuntaria. Como respirar, comer, hablar, caminar, escribir, vestirme… y el aprendizaje resultaba lento y tedioso. Todo iba muy despacio y me sentía frustrado.
- ¿Cómo fue el tiempo de recuperación?¿Qué recuerdas de las jornadas rodeado de médicos, enfermeras y especialistas?
Pasé diez meses de hospitalización, tres en la UCI y siete en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Antes de trasladarme de provincia estuve monitorizado, lleno de tubos, cables y vías. Luego poco a poco la cosa fue cambiando. Durante ese tiempo tuve mucho contacto con el personal sanitario, los pacientes y sus familias. Más de un semestre con ellos une mucho; nos contábamos detalles de nuestras enfermedades o accidentes y nos alegrábamos de los progresos. Nos convertimos en una gran familia. Cuando hay roce surge el cariño. De todo ello hablo en mi libro donde, además, cuento algunas anécdotas y el espíritu nuevo con el que abandoné un hospital de referencia a nivel europeo y mundial.
- También describes tu plan de acción para hacer frente a la enfermedad ¿Premeditado?
Por supuesto, diseñé un plan de acción marcándome un gran objetivo; recuperarme lo máximo posible en un plazo razonable, pero estableciendo pequeños retos o metas que suponía alcanzables aunque supusieran dosis extra de esfuerzo. Que se tradujeron en pequeñas dosis de alegría cuando hable por primera vez o me levanté solo de la cama para coger la silla de ruedas. Eso me ha dado una inyección de moral y fortaleza que me empuja a seguir avanzando. Pero, sin duda, lo más importante de toda esta historia es la familia y los amigos. Sin todos ellos no estaría vivo ni seguiría luchando por superar esta enfermedad. Convencidos de que superaríamos la enfermedad no me han dejado solo ni un solo día. Ellos me han dado la fuerza y el convencimiento. Por ellos no podía rendirme ni abandonar.
Hernán Cortés Soria sigue en la lucha. Recuperándose a cada paso que da por su nueva vida y por los parques de la ciudad. Con su bastón y una sonrisa que ilumina los días de lluvia.

