La palabra aleluya procede del hebreo hallĕlū yăh, que significa «alabad a Yahveh» o «alabad al Señor». Es un término que invita a la alabanza usado en la tradición judía y cristiana para expresar alegría y adoración. Sobre todo en Pascua. Aquí llamamos así a la estampita de papel que se lanza en la de Resurrección. Coincidiendo con la Procesión del Encuentro. En la plaza de la Coronación. Desde la barbacana y el campanario de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora. Justo cuando finaliza la Semana Santa y la madre se encuentra con el hijo resucitado. La tradición de lanzar aleluyas en Pozuelo de Alarcón, recuperada por la Asociación Cultural La Poza, se remonta al siglo XIX. Indagando en el origen hemos llegado a dos mujeres, tías de Antonio Becerril, que a finales de ese siglo compraron propiedades en la colonia de la Paz y pudieron traer al pueblo la costumbre levantina. Que conocían por sus orígenes. La nieta del abogado y político, Margarita Becerril, nos ha contado la historia de su familia y cómo en los años cincuenta del pasado siglo recortaba aleluyas que volaban el Domingo de Resurrección.

Margarita Becerril con su ahijada, Mari Carmen Lázaro

Aunque no hay certeza de que las antepasadas de la madrina de Mari Carmen trasladaran a Pozuelo de Alarcón la costumbre levantina, arraigada sobre todo en Alicante y Murcia, de lanzar aleluyas lo que está confirmado es su arraigo en la Colonia de la Paz y su religiosidad. Por eso, no resulta extraño que hace siglo y medio las hermanas Margarita y Enriqueta tuvieran algo que ver con la tradición recuperada por La Poza. Que cierra, a todo color, la Semana Santa en el Pueblo.

A Margarita Becerril que ha confeccionado su árbol genealógico materno y paterno (siente debilidad por su abuela Soledad; esposa de Antonio Becerril) le emociona recordar a sus antepasados. De su tía Margarita y su bisabuela Enriqueta dice que eran muy devotas y encontraron a las afueras de Madrid aire limpio y aguas saludables. Procedentes de Murcia, llegaron a la capital para buscar un buen esposo, con el que formar una familia y asegurarse una posición. Lo encontraron. Pero enviudaron relativamente pronto y pasaron largas temporadas en Pozuelo de Alarcón. Aquí acudían a Misa y es posible que hablaran con curas y parroquianos de la costumbre de arrojar estampitas, durante la Pascua, en su lugar de origen.

Saltamos en el tiempo. Llegamos a los años cincuenta del pasado siglo XX. Margarita Becerril asegura que poco antes de Semana Santa en su casa -la del abuelo- ella y sus hermanos hacían manualidades. Su padre traía hojas grandes con imágenes de santos enmarcadas en recuadros pequeños. Había que recortarlas, con destreza, para lanzarlas el Domingo de Resurrección. «No eran más grandes que los sellos y se precisaba concentración, después ya se llevaron a imprimir a editoriales; las había de la Virgen, del Sagrado Corazón, de San José y de Santa Rita».

En la actualidad, las aleluyas recogen motivos de oficios tradicionales, la imagen de la patrona y alcaldesa de la Villa y algunos milagros. Este domingo, a mediodía, se lanzarán mientras suenen las campanas.

Evolución de «Las Aleluyas»

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