Pepita de la Guerra es la niña de la fotografía. Hace veinte años -a mí me parece que fue ayer- me contó la historia de su abuelo, Felipe de la Guerra. Cuando comenzaba mi investigación sobre las personas que han dado nombre a las calles de Pozuelo de Alarcón. Para descubrir  y poner cara a quienes se escondían en placas metálicas. Con la sana intención de divulgar su vida y milagros, por entregas, en La Voz de Pozuelo. En ese tiempo viajaba al pasado. Con la ilusión de las primeras veces. Buscaba fotografías antiguas hasta debajo de libros y maletas. Recuerdo que, además de ilustrarme sobre el barbero que tiene una calle en la Colonia San José, Pepita me confirmó su parentesco con Demetrio de la Guerra, un soldado desparecido en combate, sobrino de su abuelo. Que, por cierto, también forma parte del callejero. Aunque lo que toca ahora es recordar a Felipe de la Guerra. Sus bisnietos Carmen, David y Bea -sobrinos de Pepita- pronuncian esta noche el pregón que abre los festejos de San Sebastián en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora. Casualmente, el primer año en el que las celebraciones en honor del mártir, organizadas por la Hermandad del Glorioso San Sebastián, han tenido un prólogo.

Felipe de la Guerra vino al mundo en Pozuelo de Alarcón en las últimas décadas del siglo XIX. Contrajo matrimonio con Sebastiana Rodríguez y formaron una familia. En una construcción tradicional de dos plantas, precedida de pequeño patio, situada en la calle Real Alta (hoy Ramón Jiménez), nacieron sus tres hijos; Felipe, Lorenza y Francisca y vivieron felices. Durante décadas, el cabeza de familia se dedicó al oficio de barbero aunque solo figura inscrito como peluquero en tres ediciones de la Guía Directorio de Madrid y su Provincia en los años 1911, 1914 y 1915. Según su nieta, pepita se manejaba a la perfección con la brocha, la navaja y las tenazas. Porque también sacaba muelas. Pero además fue ayudante de notario.

En una época en la que la mayor parte de los habitantes de Pozuelo de Alarcón eran analfabetos, Felipe de la Guerra, sabía leer y escribir. Pero además tenía una caligrafía preciosa y eso pudo influir en que, por las noches, tras haber remojado decenas de barbas y repasado otras tantas cabelleras, redactara escrituras y actas notariales por encargo de un abogado. El letrado en cuestión pudo haber sido Eduardo López-Palop quien, como recoge el Archivo General de Protocolos del Colegio de Notarios de Madrid, inició su carrera en Toledo, ejerciendo su profesión de notario en Madrid desde 1927 hasta su jubilación en 1965. Llegó a ser Decano del Colegio Notarial madrileño y en su sede existe un busto que recuerda su aportación a la institución.

Pepita de la Guerra recuerda que su tía Lorenza pronunciaba el apellido Palop cuando hablaba del fedatario y que le confesaba lo difícil que resultaba al abuelo usar el tintero y concentrarse rodeado de niños en casa. También me aclaro que la esposa de Felipe de la Guerra, Sebastiana, murió antes de estallar la Guerra Civil -cuando su esposo fue evacuado con sus hijos y nietos a Miraflores de la Sierra- a causa de una infección. Durante la contienda los de la Guerra Rodríguez se trasladaron de la población serrana a un piso que la familia tenía en Madrid.

Y Felipe de la Guerra nunca regresó a Pozuelo de Alarcón. Murió en la calle Argumosa. Corría el año 1938. Pero aquí siguen sus descendientes. Que son muchos y majísimos. Como Pepita, que recibió un reconocimiento a su vínculo con el pueblo en la Fiesta de las Viejas 2024. En el que recordó sus años de teatro, baile y alegría en la Sociedad Recreativa La Inseparable. O como Juanma del Castillo de la Guerra, que ha sido presidente de la peña El Lunes. O como los pregoneros de San Sebastián 2026; Carmen, Bea y David de la Guerra Martín, hijos de José Luis, hermano de Pepita.

Felipe de la Guerra (derecha) con su consuegro Patricio García

Felipe, Francisca y Lorenza, hijos de Felipe de la Guerra

Pepita de la Guerra

Carmen y David de la Guerra Martín, bisnietos de Felipe de la Guerra

Tres generaciones con el mismo nombre: Felipe de la Guerra

Calle para Tres

Juanma del Castillo de la Guerra con Luis León, uno de los autores de «Yo, Sebastián»

Los veteranos de la Hermandad del Glorioso San Sebastián, Juan Cruz y Manolo, con las nuevas incorporaciones, Pepe y Juanma

 

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