Acaba el mes de la mujer y comienza el del libro. Es el mejor momento para recordar la figura de una vecina que los devoraba desde niña. Que siendo muy joven se fue a Alemania por amor y volvió para montar la primera biblioteca del pueblo en El Foro y hacer carrera política, a pie de calles sin asfaltar y barrios sin equipamientos educativos, deportivos ni culturales. En plena transición. De España y de Pozuelo de Alarcón.
Corría el año 1976 cuando María Teresa de los Mozos Martínez (Medina de Rioseco, 1939) fue nombrada por El Alcázar mejor concejal de la provincia de Madrid. El periódico lo contaba en una escueta reseña que vi por casualidad; navegando por las redes sociales. Me llamó la atención el apellido y me puse en contacto con Miguel Pérez de los Mozos. A quien conozco desde hace tiempo. Me confirmó que era su tía y habló con sus primas, Yolanda y Mónica, para reunirnos y preparar un reportaje. Ahora, en Semana Santa, más que justo y necesario.
En una mesa para cuatro, frente a la Casa Consistorial que Tere -como era popularmente conocida- no pisó como concejal del tercio familiar, porque en su época era de los Hermanos de Cristo Rey. Aunque conoció sus salones y jardines porque fue Delegada de la Sección Femenina y había visitado la orden religiosa fundada por el Padre Vallet. Cerca de la biblioteca central, que sustituyó a la que ella montó y gestionó en un edificio desaparecido, pasamos la sobremesa charlando, largo y tendido, de la vida y milagros de quien dedicó gran parte de su vida a mejorar la de sus vecinos. Dicen los suyos que por auténtica vocación de servicio. Que le llevo a pedir libros y material deportivo sin renunciar a escuelas, centros culturales o sociales. Hoy confiesa que se siente muy orgullosa de haber plantado la semilla de la ciudad en la que se ha convertido Pozuelo de Alarcón.
Como la historia a veces es circular, antes de jubilarse, María Teresa de los Mozos, puso en marcha la biblioteca del Museo de la Ciudad de Madrid. Desde pequeña ha sido una apasionada de los libros y la cultura. Le encanta la ópera y ha sonado en los hogares que compartió con su familia. La formó con Pedro Riaza que trabajaba en una imprenta de la Estación. Para aprender el manejo de nueva maquinaria le enviaron a Alemania y ella le acompañó. Juntos aprendieron alemán. Al volver se casaron y tuvieron tres hijos; Yolanda, Mónica y Raúl. Que crecieron en un instituto con número en vez de nombre (actual Escuela Oficial de Idiomas), donde el cabeza de familia se hizo cargo de las labores administrativas -antes de aprobar una oposición y convertirse en funcionario de policía- y Teresa de otras cuestiones relacionadas con su gerencia.
Pepito Grillo y Luis Aragonés
La educación era una de las pasiones de la que fuera mejor concejal de la región hace medio siglo. Siendo Alcalde Manuel García de la Guerra. Por eso, siempre se preocupó por los hijos de padres humildes. No quería que pasaran demasiado tiempo en la calle y transformó inmuebles del pueblo en lugares de libros y cuadernos. Nacieron los grupos escolares. También consiguió becas de estudio. En Pozuelo y más allá porque su cometido suponía recorrer los municipios de la zona noroeste de Madrid para detectar las necesidades de la población y trasladarlas a quienes tomaban las decisiones. Yolanda, su hija mayor, que le acompañaba muchas veces, era conocida como la princesita, calificativo que siempre le ha gustado mucho. Con su madre recorría la región y compartía espacio con notables como José Martínez Emperador, Adolfo Suárez o Manuel Fraga, con quienes Tere departía sobre los retos futuros. “Me llevaba a todas partes, era como su minion, pero ella les hacía mucho más caso que yo. Era su Pepito Grillo”.
Porque su progenitora no seguía las directrices al pie de la letra. Aunque fue una pieza clave en la fundación de Alianza Popular siempre ha sido muy crítica con algunas decisiones y nunca se ha cortado a la hora de cantar las cuarenta a quien lo considerase oportuno. Lo de ser mujer, madre y trabajadora, en aquella época, pudo ser un problema. Pero no lo fue. Recientemente le ha recordado a su hija que si un compañero le menospreciaba, se ponía “muy recta” y “muy seca”. También que, en caso de necesidad, interrumpía reuniones o comités.
María Teresa de los Mozos fue, es y será genio y figura. Vinculada a nuestra ciudad. Como la Cruz de la Atalaya, a la que tantas veces fue de excursión. Conoció a María Esperanza Morón y le ayudó a conseguir documentación para poner en valor nuestra historia. Dice su hija Mónica, que sentía la política. Sigue haciéndolo porque aún corre por sus ancianas venas. También que fue jugadora de baloncesto y que eso pudo influir en que se convirtiera en una gran impulsora del deporte. “Imaginó clubes deportivos, consiguió subvenciones para adquirir material destinado al Carlos Ruiz y equipos completos de esquí para los jóvenes… les puso hasta un autobús para trasladarles a la sierra”.
La de mens sana in corpore sano ha sido una práctica habitual entre las mujeres de los Mozos. Lo confirma Yolanda. De hecho, la hermana pequeña de Teresa, Loli, fue la primera mujer que ejerció como profesora de educación física en Pozuelo de Alarcón. “Mi tía daba clases en el colegio Tahona y había recibido formación del mismísimo Luis Aragonés”.
Teresa de los Mozos tiene la edad que hoy tendría el sabio de Hortaleza; recordado por ser el entrenador que cambió la historia del fútbol español. Ella cambió un poquito la nuestra.
Y merece ser recordada.
Teresa de los Mozos con su equipo de baloncesto. Es la segunda por la derecha.
Teresa de los Mozos y Manuel Fraga en la presentación de la candidatura nacional de Alianza Popular. Hotel Melia de la Avenida de América. 1976.
Teresa de los Mozos y su hija mayor, Yolanda Riaza

