Miguel se ha superado a sí mismo. Claro que con Lola es más fácil porque es puro entusiasmo y creatividad. Lleva años montando un Belén en el patio de su casa. Que es particular y con un encanto especial. Sobre todo cuando llega Navidad. Este año es más grande y cuenta con más recreaciones y nuevos espacios como un embarcadero egipcio -con esfinge nacida en impresora 3D- y una granja que homenajea a la Priégola. Pero hay más guiños a su Pozuelo de Alarcón. Como la huerta de lombardas, el horno de pan con sus caridades -por San Sebastián– o un palomar, obra de Juan José Granizo, que recuerda al de la Blanca Paloma (hoy La Finca) ¡Qué cosas!

Una cascada, un riachuelo y un arroyo salpican el Belén de Miguel Carnero y Lola Peñalver. El agua como fuente de vida y regadío. Como la que corría por el Camino de las Huertas hasta el bosque de olmos. Para conseguir las mejores lombardas y lavar pieles en La Poza. Una noria, fabricada también con impresora 3D, la mueve y produce un sonido muy peculiar.

El conjunto es maravilloso. Con sus pastores, sus ovejas pasando por la cañada real o ese toro que podría estar enamorado de una luna testigo del nacimiento de Jesús en la Nochebuena. Aunque no haya obtenido ningún reconocimiento en el concurso que organiza la Asociación de Familias Numerosas. Hace tiempo recibió un premio y tampoco es cuestión de abusar.

Conviene dedicar muchos minutos a su contemplación para poder descubrir que todo, desde las escenas a la iluminación, está diseñado al detalle. El puesto de perfumes con preciosos frascos -que Lola ha creado a partir de piezas de colgantes y collares-, los platos de jamón; ese manjar tan típico en Navidad, los reporteros de Telecinco o los «carneros» son buenos ejemplos. Pero hay tantos…

El Belén de Miguel y Lola forma parte de la Ruta de Belenes de muchos vecinos; amigos y conocidos del chiringuitero a tiempo parcial. Ahora sólo falta que Miguel se incorpore a la Asociación de Belenistas de Pozuelo de Alarcón. Para seguir creando magia.

Esa que le contagiaron sus padres montando el belén familiar cuando era tan sólo un niño.

Y, desde entonces, ha llovido.

Fotografías: Sofía González