Este año he preparado el dulce típico de la Pascua de Resurrección con mi hermana y, aunque he probado diferentes versiones con amigos, acompañadas de helado de vainilla, he optado por compartir nuestra receta familiar, la más clásica y especial para mí. Como la Semana Santa no tiene fechas fijas la llegada de las torrijas tampoco. Así que, en casa, cuando llega marzo arranca la temporada. De pequeña me preguntaba por qué solo se hacían en esa época del año. Aunque su origen está en el aprovechamiento del pan duro mi madre compraba barras especiales, previamente cortadas en diagonal. No eran muy distintas del pan de cada día pero tenían ese «algo» que las hacía diferentes. Hoy en día hay muchas más opciones: brioche, bombón, de leche… por no hablar de las maneras de elaboración. Para gustos los colores pero me he encontrado con cada receta. Pienso que eso no son torrijas ni torrijos; femenino y masculino… expresión de madre que he heredado con todo gusto. De pequeña no me volvían loca pero confieso que había un ritual que no perdonaba: comerme una torrija calentita, recién frita, antes de que tocara el almíbar. Y esa tradición la sigo manteniendo.

Ingredientes:
Una barra de pan del día anterior o pan especial de torrijas/brioche/bombón

  • 1 litro de leche
  • 2 varas de canela en rama
  • 1 cáscara de naranja
  • 1 cáscara de limón
  • 6 cucharadas de azúcar (ajustar al gusto)
  • 3 huevos para rebozar
  • Aceite de oliva o de girasol para freír

Para el almíbar:

  • 7 cucharadas de azúcar
  • 1 varita de canela
  • 1 cáscara de naranja
  • 1 vaso de vino blanco (a mayor calidad más rico saldrá el almíbar)
  • ¾ de vaso de agua

Elaboración:

  1. Cortar el pan en rebanadas de unos 2 cm. de grosos con un cuchillo de sierra para evitar que se rompan.
  2. Aromatizar la leche. Pon a cocer la leche junto a la rama de canela, las cucharadas de azúcar y las cáscaras de naranja o limón. Mantén a fuego medio- bajo durante quince-veinte minutos, sin que hierva fuerte. Deja templar y retira las cáscaras y la canela.
  3. Empapar el pan. Coloca las rebanadas en una bandeja y vierte cuidadosamente la leche templada por encima. Es importante que la leche no esté caliente, o el pan se romperá. Deja reposar mínimo 2-3 horas, pero lo ideal es toda la noche porque cuanto más tiempo, más jugosas. Aquí se nota mucho el tipo de pan. El especial de torrijas requiere menos tiempo en leche. Pero no tengas prisa con el remojo: es la clave de una buena torrija. 
  4. Reboza las rebanadas en huevo batido. Usa las manos ¡Mánchate! y finalmente fríe las torrijas por ambos lados en abundante aceite (unos 2 cm de profundidad) a temperatura media. Nosotros ponemos en el aceite un corcho o unos palillos para evitar que se haga espuma. Consejo importante: el aceite no debe estar demasiado caliente ni en mal estado, ya que afectará mucho al sabor.
  5. Coloca las torrijas sobre papel de cocina absorbente para retirar el exceso de aceite.

Formas de terminarlas (las más habituales en mi casa):

  • Con leche (la favorita de mi padre): si te ha sobrado leche aromatizada, introduce las torrijas ya fritas.
  • Con azúcar y canela. Reboza las torrijas recién fritas en una mezcla de azúcar y canela en polvo.
  • Con almíbar (receta familiar):
    • Calienta el azúcar a fuego lento hasta obtener un caramelo. Debe quedar de un color miel y prestar mucha atención para que no se queme.
    • Cuando esté templado añadir una varita de canela en rama y la cáscara de naranja.
    • Una vez frío incorporar el vaso de vino y el agua. Hervir unos minutos para eliminar el alcohol.
    • Dejar templar antes de meter las torrijas fritas. En el caso de las torrijas en leche o en las del almíbar es recomendable dejar que reposen unas horas antes de comerlas para que absorban bien los líquidos.

El BODEGÓN

Te desvelo los entresijos de las fotografías. La vajilla es la de mi MADRE

La «M» con flores es un regalo que le hizo mi sobrina a mi hermana por el día de la madre: «M» de Mamá.
«M» de Marisa
«M» de madrina (mía y de mi hija)
«M» de marzo
«M» de manjar

Espero que disfrutes esta receta tanto como lo hacemos en casa. Si haces tu propia versión… anímate a enviarme tus fotos. Cada torrija cuenta una historia diferente.

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¡Hasta el mes que viene!