Hoy os traigo una receta muy especial, no porque me la haya pasado alguien de Pozuelo de Alarcón -como ha sucedido otras veces-, sino porque nace de la petición de una personita muy querida…y de las de Pozuelo de toda la vida. Aprovechando que estábamos en mayo, mes en el que celebramos San Isidro aquí en Madrid, y que coincidía con el cumpleaños de mi marido (gran fan de los dulces y, sobre todo, de los caramelos de violetas), decidí ponerme manos a la obra y preparar una tarta que lo sorprendiera.

Lo curioso es que el color morado (aunque más clarito) de esta tarta encaja perfectamente con nuestra identidad pozuelera. Creo que ya te he comentado más veces que, hasta el último cuarto del siglo XX, las lombardas más famosas de la Comunidad de Madrid procedían de Pozuelo de Alarcón. ¿Sabes que se puede hacer una tintura natural con ellas? Te cuento: basta con hervir una lombarda, guardar el líquido de cocción y añadirle un chorrito de limón para intensificar el color. Como la lombarda cocida sigue siendo deliciosa, podemos aprovecharla como primer plato ¡Imagina qué menú más bonito y original nos puede quedar!

Si te apetece probar este plan completo, puedes preparar la lombarda como en esta receta. Pero ten en cuenta que, si optas por usar la tintura natural, el color de la tarta será más suave. Si quieres un morado más intenso, tendrás que usar un poco de colorante.

Ahora bien… el proceso “creativo” no ha sido sencillo. Confieso que el primer intento fue un auténtico fracaso. Para el cumpleaños de mi marido, hice una tarta que estaba deliciosa de sabor, pero la gelatina de la cobertura no salió bien y el resultado no fue «publicable». Aun así, la decoré con mimo, la serví con la mejor de mis sonrisas y, al final, triunfó igual. Si algo he aprendido cocinando es que el cariño también se nota en el paladar.

En el segundo intento la cosa fue muy distinta… ¡éxito rotundo! Aproveché la celebración del «triplete» de cumpleaños de amigas de Pozuelo y esta vez la tarta fue la estrella. Nos gustó tanto que es muy probable que se convierta en receta oficial de próximos cumpleaños autóctonos. La acompañamos de una tarta de naranja muy fresquita y juntas en el plato crearon una combinación espectacular. Pero esa es otra historia/receta… ¿te gustaría que te la cuente?

Espero que, de momento, te animes a preparar esta tarta de violetas. Si lo haces, cuéntame qué tal te sale en los comentarios. Y, por supuesto, si tienes tu propia versión, no dudes en compartirla ¡Estamos deseando probarla!

Base de galletas con mantequilla

200 gr. de galletas tipo desayuno (las clásicas de toda la vida)
100 gr. de mantequilla en pomada

  • Tritura las galletas hasta reducirlas a polvo (puedes usar un procesador o meterlas en una bolsa y machacarlas con un rodillo).
  • Añade la mantequilla a temperatura ambiente. Si hace calor, bastará con dejarla fuera de la nevera un rato; si no, puedes calentarla unos segundos en el microondas.
  • Mezcla bien hasta obtener una masa arenosa y compacta.
  • Coloca la mezcla en el fondo de un molde desmontable de unos 24 cm de diámetro. Presiona firmemente para que quede bien compacta.
  • Reserva en la nevera mientras preparas el relleno. 

Relleno

200 gr. caramelos de violeta
500 gr. nata para montar (bien fría)
50 gr. azúcar glas
300 gr. queso untar (tipo Philadelphia o Mascarpone frío)
6 hojas de gelatina neutra
150 gr. leche

  • Tritura los caramelos hasta convertirlos en polvo. Reserva. (Sugerencia: puedes triturar de una vez los 350 g necesarios para la receta -200 g para el relleno y 150 g para la cobertura- … Yo trituré 1 kg y así ya lo tengo listo para futuras tartas).
  • Semi-monta la nata con unas varillas eléctricas, un procesador o a mano si te animas. Debe estar espesa pero no completamente montada.
  • Añade el azúcar glas y el queso crema. Mezcla bien hasta que no queden grumos. Pasa la mezcla a un bol grande para seguir trabajando ahí y evitar ensuciar más utensilios.
  • Calienta la leche junto con los caramelos triturados hasta que esté a punto de hervir.
  • Añade las hojas de gelatina (previamente hidratadas y bien escurridas) y remueve hasta que se disuelvan completamente.
  • Deja templar un poco la mezcla de leche y gelatina. Luego, incorpórala poco a poco a la de nata con movimientos envolventes, para mantener la textura.
  • Vierte la mezcla sobre la base de galletas. Lleva a la nevera al menos 2 horas (Yo la dejé toda la noche por precaución, ya que en un intento anterior no cuajó bien).

Cobertura

3 hojas de gelatina neutra
150 gr. caramelos violeta
200 gr. leche
Colorante azul o morado (opcional para intensificar el color)

  1. Hidrata las hojas de gelatina en agua fría.
  2. Tritura los caramelos violetas hasta hacerlos polvo. Reserva.
  3. Calienta la leche junto con los caramelos pulverizados hasta que casi llegue a hervir.
  4. Añade las hojas de gelatina escurridas y unas gotas de colorante (yo puse 3 de azul y 3 de rojo, para conseguir un morado más intenso. Consejo: vete añadiendo de una en una gota hasta conseguir el color que te guste. Mezcla bien.
  5. Deja entibiar la mezcla unos minutos antes de verterla con cuidado sobre la tarta cuajada. Consejo: vierte el líquido sobre el dorso de una cuchara o una lengua de cocina para evitar que se haga un agujero en el relleno.
  6. Refrigera al menos 1 hora, hasta que la cobertura esté firme.
  7. Desmolda y decora al gusto. No olvides añadir algún caramelo violeta entero: queda vistoso y da una pista del sabor de la tarta. Además, muchas personas hace años que no prueban uno, aunque en Madrid son bastante típicos.

Nota final

Aunque no soy especialmente fan de los caramelos de violeta, el sabor en esta tarta es suave y delicado, así que te animo a probarla. Si lo prefieres, puedes cambiar los caramelos por otros de café, menta, fresa… ¡Imaginación al poder!

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