Pozuelo de Alarcón tiene mucho que reconocer a una persona trabajadora y silenciosa que, como buena Cronista de la Villa, ha elevado siempre al municipio; documentando cada recuerdo, cada vivencia y cada secuencia de su historia. Motivadora, amable y dispuesta en milésimas de segundo a cualquier sugerencia… así era María Esperanza Morón García. Siempre encontraba un hilo conductor para enaltecer a Pozuelo y así poder seguir construyendo la historia.

María Esperanza Morón nunca pensaba en ella sino en Pozuelo, en que Pozuelo de Alarcón se luciese y sorprendiese por sus tradiciones, como el ritual del Mantón en las Fiestas Patronales. La Poza recuperó la costumbre de nuestras antepasadas y, durante algunos años, decenas de socias acudían al coso acompañadas por los chicos de la peña Los Mingas.

Solía llamarme cada año para que no olvidase asistir al festejo y, en numerosas ocasiones, allí estaba yo a su lado con mi mantón, pero sin claveles en el pelo… La Cronista lo resolvía sacando claveles y horquillas de una bolsa. A cada persona que veía sin ellos se los colocaba directamente. Siempre me decía que no concebía la tradición sin claveles (nunca los ponía al azar). Elegía uno rojo y uno blanco; un acto inolvidable y característico de su entusiasmo y cariño por las costumbres populares que tanto disfrutaba y que tantas veces documentó.

Vivía con entusiasmo la corrida principal de la Feria Taurina pero todavía más el acercamiento con sus vecinos. Era ella la que nos llamaba directamente y nos ofrecía las entradas. Nunca desistía en su intento y, si era necesario, telefoneaba varias veces recordando que, además de la lidia, habría bocadillos de jamón. Para unirnos en un día especial en las gradas de la plaza de las Américas. Ni el sol ni el sofocante calor la frenaban. Era feliz rodeada de mantones y claveles. Su cara de satisfacción lo expresaba.

Sábana y lombarda

Hablando de recuerdos, solía mencionar el lavadero en el barrio de La Poza, donde se lavaba la ropa allá por los años 50. Curiosamente, un día me convocó allí y lo disfrutamos con sus anécdotas. De aquel encuentro quedó registrado el momento. Estuvimos muy animadas junto a las canciones de lavanderas que ese día cantó mi madre con Esperanza. De repente nos comentó: “Nos falta una sábana blanca secándose al sol y una ensalada de lombarda para terminar el día”.

Como defensora del pasado de Pozuelo, sabía de sus huertas con cultivo de lombardas, regadas por el arroyo, entre pozos y norias que abarcaban gran parte del municipio. Por eso, se empeñó en que estas verduras tenían que estar presente en la Asociación La Poza, que, como es sabido, es sede del archivo de las tradiciones de Pozuelo. Las pinté y el cuadro cuelga de sus paredes. A la fundadora le gustaron mucho. Seguro que ahora, desde arriba, sonríe cuando mira la que lleva en su mano el nuevo gigantillo de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pozuelo de Alarcón, con la que colaboró desde su creación.

He visto a Esperanza disfrutar tantas veces… y sonreír en numerosas ocasiones. Contagiaba entusiasmo. El día que me enseñó su coche nuevo, flamante -brillante tanto como ella- estaba muy contenta. Me sorprendió y mucho con su vehículo “rojo vibrante”. Por supuesto, hicimos fotos en el aparcamiento del espacio cultural MIRA. Como niñas con zapatos nuevos.

Mujer de gran valía, ha dejado reflejada la evolución histórica de la población, permitiendo conocer los procesos de cambio como en muy pocos municipios se ha conseguido. Demografía histórica de Pozuelo de Alarcón es un libro imprescindible donde se ve un esfuerzo y dedicación sin límites, basado en su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid. Lo recomiendo encarecidamente, porque refleja la capacidad de desarrollo del lugar y nos permite, de su mano, acercarnos a conocer mejor nuestro municipio.

Mis Mayos, sus Mayos

Hay veces que las sinergias se juntan, y las nuestras lo hicieron para siempre. Nunca faltamos a actos culturales o sociales la una con la otra; nos profesábamos un cariño especial. Siempre recordaré la fiesta de Los Mayos. Un año, Esperanza se empeñó en que me rondaran. Sin yo saberlo, mi familia y mis amigas acudieron a mi casa esperando en la calle hasta que llegó el autobús que Esperanza encabezaba junto al presidente de La Poza. Esa noche me cantaron y toda la urbanización salió a las ventanas… Una tradición muy bonita que agradecí, disfruté y espero que no se pierda en Pozuelo.

Esperanza vivía todo lo que acontecía en el municipio con mucho garbo: el manteo del Pelele (un año se hizo invitando a artistas, entendiéndolo como un homenaje al Pelele de Goya), las aleluyas, las visitas a los colegios para procurar la implicación de los más pequeños en los eventos tradicionales, las exposiciones en el Mira…

Dentro de nada comienzan las primeras Fiestas Patronales sin María Esperanza Morón. Para recordarte hemos creado una flor con materiales reciclados. Como los peleles que hacías cuando eras pequeña.

Un beso al cielo… y un clavel (tu símbolo).

FLORES Y UNA PIEZA DE MUSEO

Te lo dije nada más verla Esperanza. Me encanta esta foto tuya en el tabloncillo de la plaza de toros. Hoy de la Coronación.

Las de 2026 son las primeras Fiestas Patronales en las que no estarás. Te echaremos de menos. En los últimos tiempos te prodigabas poco, por cuestiones de salud, pero nadie las ha vivido tan intensamente. Esta vez verás la Procesión desde arriba, con Emilio. Y a tus amigas colocarse la mantilla rodeadas de fotos antiguas. En alguna sales tú.

El próximo domingo, 6 de septiembre, la Ofrenda Floral a la Virgen de la Consolación también va a ser un homenaje. Porque el ramo de flores de La Poza llevará claveles. Resu y Maribel, Goyo o sus hijos (tu otra familia) serán los encargados de depositarlos a los pies de la Patrona. Y de pedirle consuelo.

Serán tan bonitos como el que ha diseñado Rosa Gallego pero perecederos. El de ella es inmortal. Lo meteremos con mimo en una vitrina sobre una base (como si fuera una pieza de museo) y lo colocaremos el próximo noviembre, coincidiendo con el primer aniversario de tu partida, en un rincón bonito de la sede de La Poza.

Cerca de las lombardas.

Asunción Mateos Villar