La tranquilidad de la mañana la rompió una llamada que no presagiaba nada bueno, lo sabía de sobra aquel Inspector recién llegado a Pozuelo de Alarcón, aunque curtido en investigaciones de homicidios y asesinatos. Nadie le dio importancia a la casualidad, aunque de todos es sabido que las casualidades no existen, sobre todo en lo que a criminología se refiere, las cosas no ocurren porque sí.

Tras un “Bien, vamos para allá”, se personó en el número 2 de la calle Fuego el equipo investigador para hallar las causas de aquel incendio en el que había fallecido una persona.

Inspección ocular, levantamiento de cadáver, huellas, restos y rastros, todo normal, todo aséptico, todo valorable e investigable policialmente hablando.

Y a ello se iba a poner aquel Inspector cuando, y debido a las vacaciones de parte del grupo de homicidios, le tocó en suerte otra llamada que, al igual que la anterior, no tenía buena pinta.

Otra vez el “vamos para allá”, otra Inspección ocular, otro fallecimiento en circunstancias, digamos, peculiares, a saber, un ahogamiento en una bañera en el segundo B del número 4 de la calle Agua.

Fue Su Señoría, la titular del Juzgado número 2, lo que ahora se denomina “Tribunal de Instancia, Sección de Instrucción, Plaza 2 de Pozuelo de Alarcón”, la que pensó, aunque nada dijo, que menuda coincidencia un quemado en la calle Fuego y un ahogado en la calle Agua.

Y por supuesto, al tercer día y tras aquella tercera llamada, todos, no sólo la Jueza del 2, sino todos, propios y extraños, Policía y población ciudadana, empezaron a hablar de coincidencias.

Si, vamos para allá”, era la tercera vez que se contestaba, era la tercera vez que el nuevo Inspector de homicidios se dirigía al barrio de los elementos, la tercera vez que se producía una muerte cargada de simbolismo y curiosidad.

Explanada junto a calle Tierra, unos perros han desenterrado en parte lo que parece ser un cuerpo humano. “Joder con las casualidades que no existen”, comentaba el Inspector, “Joder con las casualidades que no existen”, decía la Jueza del 2, “Joder con las casualidades que no existen”… decían todos.

La confrontación astral, Acuario en ascendente con Sagitario o la culminación de un doble eclipse lunar/solar, eso pensaban todos en la Comisaría de Pozuelo cuando se recibió, el cuarto día, una cuarta llamada.

Que sí, coño, que vamos para allá, como para no ir está la cosa”, y allí se presentó aquel Inspector que había pedido el cambio de destino hacía poco tiempo y que ya se estaba arrepintiendo de manera vehemente.

Calle Aire, 3, un trabajador de una obra, estaban retejando el tejado, una ráfaga de viento lo lanzó fuera del edificio cayendo al suelo y muriendo en el acto. “Al menos esto parece un accidente” se decían, “salvo que salga alguien y diga que el aire que le empujó al suelo estaba producido por una potente ventilador orientado al trabajador”.

Las miradas entre los Policías y la Comisión Judicial eran casi de chiste, los operarios del Instituto de Medicina Legal, lo que siempre ha sido el Anatómico Forense, hacían bromas con establecer en Pozuelo una oficina permanente, nadie quería perder la oportunidad de decir algún chascarrillo sobre lo que, a todas luces, era una suerte de muertes que el Inspector denominó como “lógicas” pues cada una se producía de la manera adecuada en la calle cuyo nombre auguraba dicho fallecimiento.

El Inspector no paraba, su trabajo se había multiplicado por cuatro, las muertes “lógicas” eran complejas pero, a su vez, sencillas de planteamiento, lo que hacía que las líneas de investigación y, por supuesto, los sospechosos, brillaran por su ausencia.

A las seis de la mañana sonaba el despertador de aquel Inspector nuevo que se incorporaba a la Comisaría de Pozuelo de Alarcón, con el cansancio reflejado en la mirada y en unas ojeras que no podía disimular, poco o nada había dormido ante aquel sueño/pesadilla tan intrigante. Se dirigió a la Comisaría y, tras las presentaciones de rigor, se incorporó a su mesa en el despacho que la unidad de homicidios usaba para sus menesteres.

La tranquilidad de la mañana la rompió una llamada que no presagiaba nada bueno…