El encargado de dar el pistoletazo de salida a los festejos en honor a la Patrona y Alcaldesa de Pozuelo de Alarcón no necesita muchas presentaciones. Lleva toda la vida -o casi- viviendo en un bloque de pisos que durante años, en el siglo pasado, fue Ayuntamiento. En la plaza de la Coronación. También en el corazón del pueblo abrió su tienda de reparación de electrodomésticos. Aunque nació en El Barraco, en Ávila estuvo solo año y medio. Luego sus padres vinieron a Madrid y se instalaron en Aravaca. Con catorce años ya estaba trabajando de aprendiz en una empresa de fabricación de televisores en blanco y negro. Para arrimar el hombro. Aquello fue el comienzo de una trayectoria profesional y vital en la que Tomás Toribio se ha atrevido con todo; hasta con el periodismo y la política, editando un periódico y presentándose a unas Elecciones Municipales como número dos de un partido independiente.

Ahora es presidente de La Ynseparable. Estos días anda algo nervioso. En su cuarto año de mandato y coincidiendo con el 125 aniversario de la Sociedad Recreativa le comunicaron que habían sido elegidos para dar el pregón de los festejos. Al día siguiente del anuncio se puso a escribir la partitura.

La Patrona y la taquilla de la Ynseparable

Tomás tiene ganas de pronunciar el pregón. Confiesa que cuando se lo comunicaron tuvo la sensación de que le habían metido un gol por la escuadra. Pero la ilusión de la remontada merecía la pena. Me cuenta que lo va a hacer a la manera tradicional. Quizás viajando al pasado; como se hacía antes con los bandos.

También que versa sobre los que nos precedieron; los que levantaron hace 125 años el edificio de la Ynseparable y convirtieron sus salones en centro neurálgico de la cultura. Y sobre los que ahora trabajando por mantener vivo su legado y su memoria al frente de las diferentes escuelas y talleres. “Desde el señor que donó el terreno hasta los que buscaron los ladrillos y trabajaron durante años a los que hoy siguen a pie de tajo, como ellos, casi por amor al arte… pero sobre todo al pueblo”.

El pregonero contará que la sede de la asociación que preside -una de las más antiguas que existen en España- fue además de cine, teatro y salón de baile con bastonero, iglesia. Le gustaría repartir octavillas con el texto que ha escrito tratando de no olvidar lo fundamental. Como recordatorio. Aunque todavía no sabe cómo hacerlo.

Y reconoce que, por muy tranquilo que suba al balcón, por mucha tila que le prepare Fina, se va a emocionar. Cuando eso pase, si pasa, le gustaría tener cerca a sus nietos.