Duelo a muerte
Ese lugar servía perfectamente para solventar aquella afrenta que los padrinos estaban negociando. Los dos representantes se afanaban en aplicar la caballerosidad que debía imperar en todas y cada una de las cuestiones relativas a los duelos los cuales, aunque estaban prohibidos por el Rey, no dejaban de ser la única forma que la nobleza tenía para resarcirse cuando su honra se encontraba en entredicho. Los segundos, padrinos de contrastada solvencia y relación con sus propios representados, los contendientes, ya tenían prácticamente acordados todos y cada uno de los extremos que, de no mediar plática correctora, tendrían que tomarse...
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