Pozuelo de Alarcón puede presumir de contar en su registro municipal de asociaciones con una de las sociedades recreativas más antiguas de España. Nació con «Y» hace ciento veinticinco años para convertirse en animadora de la vida social y cultural. Acacio Cáceres y Prat recoge en un librito, publicado en 1891, que por entonces existía un teatro en la calle que hoy lleva el nombre del médico Pedro Antonio Cornago. Así lo describe en su crónica de los pueblos de la provincia de Madrid dedicada al nuestro: “El teatro es de bastante capacidad, se halla edificado en la calle Valdenovillos; consta de cuatro habitaciones bien distribuidas, y en él luce sus primores lo más selecto de la colonia veraniega. En su espacioso salón de espectáculos y en su patio se celebran todos los domingos bailes públicos, una de las expansiones de los jóvenes de la localidad”. Quizás ocupaba los terrenos sobre los que se levantó La Ynseparable. Quizás estaba situado en una finca que nacía en la Plaza del Rey, propiedad de Elisa Tous, como aseguran otras fuentes consultadas. Lo que está claro es que fue el precedente directo de un espacio donde, en los años cincuenta del siglo XX, se respiraba arte por los cuatro costados. Sobre todo zarzuelas, comedias y sainetes interpretados por el “cuadro artístico de Pozuelo de Alarcón” con música en directo. Con una de sus actrices, Gregoria Pérez, y con la hija del acomodador y la encargada de la taquilla y el guardarropa, Francisca Herranz, hemos viajado en el tiempo. Como puedes hacerlo tú el próximo domingo, 18 de enero. Si a eso de las seis y media de la tarde te pasas por el salón de La Inseparable. A través de un sainete para siete, escrito por Fernando Soria y Julio Sáez e interpretado por el “cuadro artístico de los escritores escondidos”. Acompañado de una lectura de relatos cortos sobre las verbenas y lo castizo.
La Sociedad Recreativa La Ynseparable, fundada en 1901, haciendo honor a su nombre ha estado unida a la historia de Pozuelo. Durante más de un siglo ha sido punto de encuentro para los vecinos del pueblo. Gentes sencillas que, durante la semana, cuidaban la tierra y a los animales, curtían pieles, colocaban ladrillos, servían chatos, cosían guantes o lavaban ropa en La Poza. Pero que, al llegar el fin de semana y las fiestas (a lo largo del año había muchas sin contar las Patronales; como ahora… San Sebastián está al caer, con un libro bajo el brazo) disfrutaban de las artes escénicas con ilusión y entusiasmo.
El salón principal fue siempre un espacio polivalente. En el centro se colocaba una tela blanca que lo transformaba en cine. Lo mismo proyectaba películas de Charles Chaplin que de vaqueros; con los niños al otro lado de la sábana. También se representaban funciones de teatro. A las tablas de su coqueto escenario se subían, además de actores aficionados, como unas jovencísimas Goyi Pérez (protagonista de “Las Espigadoras”, el conocido cuadro realista de François Millet) o Pilar Palomo, los músicos que amenizaban el baile de los domingos. Ese en el que se enamoraron muchas parejas.
A pesar del bastonero, encargado de separar a los que, agarrados, se desplazaban en círculo por el salón. El padre de Paquita Herranz, Pedro Herranz, además de acomodador de sala, ejercía esa función con su gorra de plato y su bastoncito. Tenía que correr el aire. La excepción eran los concursos de chotis. Goyi recuerda que ganó alguno con Ángel Bernal. El padre del animador sociocultural contemporáneo además de su pareja de baile lo fue sobre las tablas, donde interpretó el papel de novio en una boda gitana para celebrar los Carnavales. La de “mascarita, mascarita…” y los disfraces con cortinas y colchas, es otra de las historias que quien cantaba como los ángeles (dice Paquita que Torre de arena mejor que Marifé de Triana), guarda con mimo en su memoria.
En la de Paquita también viven muchas relacionadas con La Inseparable y con Goyi. Sobre todo de su infancia y juventud. Porque la sociedad de la calle Norte era su segunda casa y porque la que recibió el premio a la mujer pozuelera en 2023, además de su vecina, era compañera de aventuras, desventuras y travesuras. Prácticamente de la familia. Recuerda los preparativos de las bodas (su madre guardaba bajo llave una vajilla especial) y enrollar papeletas para el sorteo de Santiago. Ese día los socios sacaban sus mejores galas y festejaban al Apóstol. Con refrescos en el patio, gran baile, tómbola y elección de Señorita Inseparable. “Lo bien que lo pasaba y lo poco que le gustaba a mi madre que me pusieran la banda de Miss, aunque fuera de broma”. El tiempo vuela y seguimos comentando a propósito del pasado de Pozuelo de Alarcón, de Carriles, de una doncella vergonzosa y otras historias. La mía tiene que acabar…
En 2005, con la ayuda del Ayuntamiento, se llevó a cabo una rehabilitación en el edificio centenario que alberga la asociación cultural más antigua de Pozuelo de Alarcón. La mayor parte de las obras fueron para sanear cimientos en el torreón del escenario, manteniendo la antigua caída en escena y la concha del apuntador. También se renovaron los servicios y la sala principal.
Desde entonces La Inseparable tiene un aire más moderno y confortable y una privilegiada terraza. Que siempre ha formado parte del conjunto arquitectónico. Ahora los bailes son de salón y latinos. También hay sevillanas y swing. Y, por supuesto, sigue sonando la música.
Este año cumple 125 y es un referente de nuestra gran ciudad que, a su sombra, fue pueblo… ¡Celebrémoslo!
Con un sainete para siete
Con un baile de carnaval
Con un tributo a los felices años 20
¡O con lo que socios y simpatizantes estimen conveniente!
Foto de apertura:
Lali Barrio Gabán con sus hijos en la taquilla de La Inseparable. Años 50 (cedida por Francisca Herranz)
Agradecimientos: Elena González Herranz


Mirando al pasado
Yo empecé a hacer teatro en La Inseparable siendo muy jovencita, con unos veinte años, con Vicente y Paco Martín y Pablo Granizo. Los muebles para los decorados nos los cedía el señor Ester de su propia casa. Hicimos muchos cuadros y comedias, con la señora Butragueño tocando el piano y el señor Bascuñana que nos ayudaba con los libretos. Como La Verbena de la Paloma, Las Espigadoras (que abría yo cantando), Marianela, Don Juan Tenorio, Don Armando Gresca… Recuerdo que Pilar Palomo hizo un cuadro y estaba guapísima (qué belleza de mujer) y que carriles la cagó repitiendo lo que le decía el apuntador. A veces, con lo que se sacaba de la venta de entradas, se compraban mantas, canastillas de bebé o lo que surgiese para echar una mano a los vecinos que más lo necesitaban.

A los niños nos gustaba investigar así que nos alejaban de las tres lámparas de carburo que había en el salón de La Inseparable porque cuando se iba la luz, que solía ser con frecuencia, el tío Maxi las hacía explotar para que volviera y lo conseguía soplando con un fuelle o algo parecido. Cuando había boda se sacaba una vajilla blanca completa, los días de cine nos quedábamos al otro lado de la sábana por pequeños y cuando se llenaba el teatro -muchas veces- nos sentaban en las ventanas.

Patio de La Inseparable. Años 40
Niñas celebrando Santiago Apóstol. Años 50
Gran Tómbola de Santiago. Años 70
Carnaval. Años 90

