Hoy he madrugado para recoger mi casita antes de subir a la azotea. Estos días han sido tan ajetreados que apenas hemos tenido tiempo de poner lavadoras. El jueves, el Ayuntamiento, reconocía públicamente mi labor al frente de La Voz de Pozuelo. Durante la celebración de la Patrona de la Policía Municipal con la que hace año y medio tuve la suerte de colaborar. Recibí una metopa en el teatro que inauguré hace casi veintiún años. Ese al que considero mi otra casa.

Nada me hacía presagiar en enero de 2017, cuando recuperé LA VOZ DE POZUELO en formato digital, que en sólo ocho años iba a vivir tantas y tan intensas experiencias. Una durísima. Que me hizo quedarme afónica durante meses. Llorando por mi estrella. Pero mi voz regresó. Con su ayuda, y la de los míos (familia, amigos, conocidos…), he vuelto hasta tres veces. No es fácil pero soy inasequible al desaliento. Me he acostumbrado a mi montaña rusa personal y profesional. Creo que lo llevo dignamente.

Desde aquí arriba, con las gafas de sol en dirección al horizonte, regreso a la oficina de la Plaza Mayor, con vistas a la calle Hospital, donde comenzaba todo. Hace treinta años. Sobrevuelo el despacho de Jesús Mora. Tres décadas después y, tras reinventarme unas cuantas veces, sigo disfrutando de mi oficio a pie de calle. Ahora soy editora, redactora, camarógrafa y administradora de comunidades digitales. O lo que es lo mismo, mujer orquesta. Pues que siga la música.

Decía María Guerra, directora de La Script, el podcast de cine y series producido por Kinótico, al recoger el Premio de Comunicación de la Academia de Cine 2025, que le emocionaba muchísimo y le servía de gasolina profesional. También que le ha tocado adaptarse de lo analógico a lo digital y que forma parte de una generación de periodistas mutantes. No puedo sentirme más identificada.

Con esta referencia, a uno de mis referentes, y la colección de fotos de la Fiesta de la Patrona quiero, además de practicar el autobombo -que una vez al año no hace daño-, agradecer al Ayuntamiento y a la Policía Municipal de Pozuelo de Alarcón la concesión del premio y abrazar a todos los que les ha hecho ilusión que lo recibiera.

Como María, se lo dedico a mis padres, a mi compañero de viaje y a mis dos hijos. Pero también al capibara jefe y al resto de «capibaritas». Por ser y por estar. Incluso, saltando conmigo de cocodrilo en cocodrilo. Sin inmutarse.

Una periodista mutante 

P.D. La causalidad -que no casualidad- hizo que el primer abrazo me lo diera mi amiga Mariaje antes de la entrega y que Margarán, Sergio (que recibió amablemente a mis progenitores) y Eloy (su hijo es un campeón y su padre trabajó con el mío) también fueran premiados el jueves. Y que Pedro, policía local en Galapagar y papá de Héctor, amigo de Noé, estuviera allí en representación de los agentes del municipio serrano. Hasta que Eva, mi «cuidadora» en el ámbito cultural, pudiera compartir un ratito conmigo fuera de «su» teatro. Así de maravillosa es, a veces, la vida.

En las fotos con mis padres, Antonio, Pedro, Rosa, Paco, Lorenzo, José Manuel, Paloma, Manuel, Macarena, Juanma, Eva, Ana, Patricia, Helio, Carmen, Paco, Luis e Ignacio.

GRACIAS POR VENIR