El próximo 8 y 9 de junio, coincidiendo con los últimos días de la visita de León XIV a Madrid, en Pozuelo de Alarcón se conmemora el ochenta aniversario de la reinauguración de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora y del regreso a su altar de la imagen de Nuestra Señora de la Consolación Coronada, patrona y alcaldesa perpetua de la villa.

Durante la Guerra Civil, Pozuelo de Alarcón fue frente de batalla, sufriendo bombardeos que prácticamente arrasaron su entramado urbano. La Dirección General de Regiones Devastadas, al acabar la contienda, fue la encargada de asumir las tareas de reconstrucción del casco histórico y sus edificios principales.

En julio de 1936 la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, el templo más antiguo del pueblo, sufrió un grave incendio provocado, durante la contienda, la estructura recibió dos impactos directos de obuses que abrieron enormes boquetes en la nave y la cabecera. Solo sobrevivieron los muros exteriores, los contrafuertes, el pórtico y parte de la torre campanario.

La imagen original de Nuestra Señora de la Consolación fue destruida durante el conflicto armado. Pero la devoción de los paisanos impulsó la creación de una nueva talla, que debido a las obras de reparación de la parroquia, fue acogida en la Sociedad Recreativa «La Ynseparable», la institución cultural privada más antigua de Pozuelo.

Para levantar el nuevo edificio se tomó la decisión técnica de demoler los restos inestables de la vieja iglesia barroca en 1940. Las obras fueron dirigidas por Luis Moya Blanco (aunque algunas fuentes dudan de su real implicación), Pedro Muguruza Otaño y Enrique Huidobro Pardo.

El nuevo diseño replicó el templo original, pero modificó sensiblemente sus proporciones al proyectar una planta de menor altura y menor anchura. Como contrapartida a la reducción de la nave, la nueva torre campanario se edificó con mayor altura que la anterior. La reconstrucción avanzó por fases cronológicas: la torre campanario quedó lista en 1941 y la estructura de la nave central se cerró en 1942. También se incorporó una capilla lateral destinada al culto de la Virgen de la Consolación, además de dependencias anexas para la sacristía y los despachos parroquiales.

En estas fases de reforma al reducirse el presbiterio y no encajar en él se desmontó lo que quedaba del  histórico retablo mayor del siglo XVI, diseñado originalmente por el escultor Francisco Giralte y el pintor Diego de Urbina. Hoy en día se desconoce por completo el paradero de las piezas que lo formaban. El templo reconstruido fue entregado oficialmente el 30 de mayo de 1946 por parte de la Dirección General de Regiones Devastadas.

Las autoridades, con Martín Llorente Lázaro como Alcalde, decidieron que el 8 de junio fuera la apertura oficial del templo a las 5 de la tarde, con el traslado al mismo del «Santísimo» y al día siguiente, a las 9 y media el regreso de la imagen a la parroquia, a su nueva capilla. De hecho, se dictó un bando en el que se invitaba a la población a engalanar balcones y edificios con colgaduras, para dar mayor solemnidad a los actos y demostrar el agradecimiento de la población a las tareas de reconstrucción realizadas.

A los actos de inauguración fueron invitadas personalidades de la vida civil, militar, eclesiástica y maestros nacionales, acompañados de sus alumnos.

Fuente: Archivo Municipal de Pozuelo de Alarcón

«Pozuelo de Alarcón, que quedó convertido en un montón de escombros durante los días de la guerra por su situación en la línea de fuego, ha vivido su jornada más emocionante. El vecindario entero se volcó en las calles, que lucían engalanadas con colgaduras, flores y banderas, para recibir a su Patrona. El nuevo templo parroquial, erigido con sobriedad y maestría sobre las cenizas del antiguo, abrió sus puertas como el corazón recuperado del municipio.»

«No cabía un alma en los salones ni en los alrededores de La Ynseparable. Habían sido meses de custodia compartida, donde la Virgen no estuvo en una iglesia, sino en la casa de todos los vecinos. Al salir la imagen por la puerta de la sociedad recreativa, estalló un aplauso cerrado que duró varios minutos, mezclado con lágrimas de emoción de quienes recordaban la pérdida de la talla original

«Las piedras pueden ser derribadas por el fuego y el odio, pero la fe de un pueblo es inquebrantable. Hoy no solo inauguramos unos muros de ladrillo y granito; hoy devolvemos a Pozuelo su hogar espiritual. Al entrar de nuevo Nuestra Señora de la Consolación a este altar, el vacío de estos años queda cubierto. Miremos hacia adelante con la esperanza de la reconstrucción.»

Testimonios de la época