Acudía a la Escuela de música sin una idea predeterminada aunque sí con cierta motivación proclive a que me gustara el espectáculo que iba a presenciar.
La razón era clara, no todos los días te invitan a una gala musical que mezcla opera con zarzuela, su hermana pequeña y no todos los días tiene uno la posibilidad de disfrutar de estas dos habilidades interpretativas en una misma tarde.
La expectación era máxima, parecía un día de estreno, pero de los buenos, de los que se realizan en un teatro de los grandes, a juzgar por el trasiego de gente, de organizadores, de espectadores, todo se conjugaba para que tuviéramos la sensación de acudir a una tarde gloriosa de música con mayúsculas.
La vista del escenario con un solitario piano, escuchando los ensayos amortiguados por las paredes de la sala cercana, hacía presagiar lo que, a todas luces, sería una más que digna tarde de música en vivo.
Antes de nada, la clara y transparente explicación de los objetivos de AMASUVE, la asociación organizadora del concierto, sus logros, sus acciones, sus actitudes y aptitudes, su gente, por parte de Leire Navaridas, una Presidente entregada a su labor a juzgar por el entusiasmo demostrado en la presentación.
Un nutrido grupo de seres humanos comprometidos con la labor que realizan, una entrega a la consecución del apoyo incondicional a las personas que establecen sus estatutos conforman el núcleo de esta asociación que se declara apolítica y aconfesional, y eso es mucho en este polarizado mundo.
Tras los primeros acordes nos fuimos sumergiendo en una espectáculo que cumplía, al menos a priori, todas las expectativas que habíamos puesto en él, la tarde se fue volviendo acorde con el escenario, una escuela de música de reconocido prestigio, los actores fueron demostrando que un concierto solidario no está reñido con la demostración de una calidad que se posee por encima de todo.
Y no quedó nada al azar, ni la interpretación de los maestros Juan Jesús Rodríguez (barítono), María Escribano (soprano) y Manuel Burgueras (piano) ni los temas interpretados, desde Vissi d´arte de Tosca o Donna, chi sei…, de Nabucco, en lo que a Ópera se refiere, hasta Por el amor de una mujer, de Luisa Fernanda o Por qué de mis ojos…, de La Revoltosa, en la parte de Zarzuela, en una muestra tan amplia y precisa que obtuvo siempre el premio de los aplausos más sonados.
Y así, fue pasando la tarde entre músicas, doce obras majestuosas, doce actuaciones diversas que llenaron el patio de butacas de aplausos, de ¡BRAVO! de cuchicheos de aceptación, de miradas cómplices que expresaban, sin ninguna duda, que había merecido la tarde.
A la salida, tras sus buenos quince minutos de aplausos, confidencias, parabienes, miradas agradecidas, sonrisas sinceras, sensaciones agradables en una palabra.
Y es que la música, cuando se experimenta con ganas, tanto por parte del actor como del espectador, se transforma en delicia.


