El libro que se presenta mañana en la Miguel de Cervantes, Yo, Sebastián, no nació en una biblioteca. Tampoco en un despacho. Parte de un pregón pronunciado en honor del Glorioso en plena pandemia. Cuando la vida discurría a medio gas. Los autores, Luis León y Nieves Ruiz, también pareja literaria se formularon una pregunta a la que había que buscar respuesta… ¿Cómo era posible que no existiera una biografía completa de San Sebastián?
De San Sebastián se conoce poco. Porque, hasta la llegada del estudio realizado por los profesores León y Ruiz, no existían publicaciones que reunieran vida y milagros y todo lo que su figura ha generado a lo largo de los siglos. Aquella ausencia fue el punto de partida de una investigación que acabaría convirtiéndose en un libro y que, ahora, cinco años después, ve la luz.
Los autores pertenecen a la Hermandad del Glorioso San Sebastián y su vínculo con el santo es anterior a este proyecto. La investigación nace de la tradición, la curiosidad y el paso del tiempo. No solo de un interés académico y divulgativo. Dice el que fuera director del CEIP Infanta Elena, que empezaron a investigar casi por necesidad. «Había retazos, textos atribuidos al santo, pero nada que pudiera considerarse una biografía”.
La búsqueda no fue sencilla porque no había casi documentación. El texto más citado sobre el santo se atribuye tradicionalmente a San Ambrosio, aunque en realidad fue escrito por un diácono siglos después. En latín medieval. Al no existir una traducción clara al castellano fue necesaria la ayuda de Daniel Rodríguez Cardoso, traductor especializado, sobrino de Isaac Cardoso y de Pozuelo de Alarcón, que permitió trabajar directamente sobre el texto original. A partir de ahí, comenzó un laborioso proceso de reconstrucción compuesto de fragmentos, comparaciones y toma de decisiones.
Porque escribir sobre Sebastián implica cierta incertidumbre. Por ejemplo, su lugar de nacimiento ha sido motivo de disputa durante siglos. Narbona en Francia y Milán en Italia se lo han adjudicado. Algo habitual en una época en la que las reliquias y el prestigio religioso tenían un gran peso. El autor del libro asegura que no es posible afirmar con rotundidad pero si aclarar algunas dudas y cómo se han ido construyendo los relatos.
El libro opta por una original solución narrativa: es el propio San Sebastián quien cuenta su vida. En una autobiografía imaginada que permite recorrer su historia desde dentro y, al mismo tiempo, ordenar episodios conocidos. A partir de ahí, el texto se abre y crece.
Icono Queer
San Sebastián no es solo un santo. Es una imagen. Un símbolo. Una figura que ha atravesado la historia del arte con una potencia visual inigualable. El libro dedica varios capítulos a su iconografía y a cómo su imagen ha cambiado con el tiempo. Lejos de la popular (desnudo y atravesado por flechas) las primeras lo muestran vestido. Como centurión y miembro de la guardia imperial romana a la que pertenecía. La versión que todos tenemos en la cabeza llega más tarde, cuando el arte medieval y renacentista reinterpreta su figura.
Esa evolución no es casual. San Sebastián ha sido protector frente a epidemias, patrón de soldados, arqueros y atletas. Actualmente, incluso, se ha convertido en icono para el universo Queer. Por eso, «Yo, Sebastián» no solo no esquiva el asunto sino que, además, amplia el abanico analizando su presencia en la literatura, el cine, la música y el arte contemporáneo. En novelas, poemas, exposiciones recientes, tatuajes o reinterpretaciones visuales.
De Galdós a Thomas Mann pasando por Dalí, Lorca o el cine mudo… mezcla de fe, estética y deseo. Todo con un enfoque divulgativo, pensado para que el lector pueda profundizar. El libro incluye enlaces, referencias y una bibliografía extensa. E incompleta. El hermano de San Sebastián lo tiene claro. «Es una figura viva; sigue generando lecturas nuevas».

A cuatro manos
Detrás de todo este trabajo hay dos firmas. Luis ha realizado la radiografía del santo con su mujer, Nieves Ruiz, compartiendo labores de investigación, documentación y escritura. El proyecto no se entiende sin su dedicación a cuatro manos. «Ha sido un proceso largo; de ir y venir, de ampliar y cortar. Al final, hay que saber parar».
Pozuelo de Alarcón está presente en el relato pero no lo monopoliza. Hay referencias a la Hermandad del Glorioso San Sebastián (que ha tenido un papel clave en la publicación del estudio), a su liturgia y a tradiciones concretas. Pero sin profundizar en lo autóctono. De hecho, uno de los capítulos que se dejó fuera, deliberadamente, fue el de las fiestas y celebraciones. Quizás reservado para una segunda parte.
La presentación de «Yo, Sebastián» en la biblioteca municipal Miguel de Cervantes es el final de una aventura minuciosa y apasionante. Que no termina. Porque, como señala Luis, siempre quedan rincones por descubrir. «San Sebastián no se agota».

