La autora de Poemachismo, el libro que se presenta mañana en la plaza Mayor, nació hace treinta y dos años. Es un alma libre. Que escala montañas para desconectar. Ella, como es psicóloga, lo explica en términos científicos. Tiene una mirada serena y unos ojos maravillosos, almendrados, que han escondido, hasta ahora, una adolescencia complicada. Marcada por el desamor y la violencia machista que puso patas arriba su universo justo cuando se convertía en adulta. Dice que las ciento cincuenta páginas de su obra son necesarias porque, además de contar su historia, animan a conquistar la libertad. Individual y colectiva. Diana asegura que la voz de las mujeres ha sido arrebatada por el patriarcado y que la misión del feminismo es que la recuperen. Y confiesa que le hace mucha ilusión que su primera entrevista sea en La Voz de Pozuelo. Que considera de todos y, por supuesto, de todas.
A Diana le conocí antes de nacer… debajo del peto vaquero de su madre. Cuando le digo que recuerdo a Toñi siempre embarazada se parte de risa. Pero no le extraña. Porque con su hermano se lleva catorce meses. Su abuela Pepa, a la que admira y considera una estratega, vivía en mi calle y las posibilidades de cruzármela se multiplicaban. En el Barrio de los Elementos nos saludábamos todos -los de dentro y los que venían de fuera a ver a los suyos- y muchos crecimos entre puestos de mercado, una tienda de retales y bares. También ella, la hija de Juan, camarero en La Americana. Corriendo, a veces a tirarse bolas de nieve, hasta la panadería.
Aunque siempre ha vivido en la urbanización que nació sobre la finca de Luis Béjar, su infancia discurrió entre escaleras y portalones, más arriba, y clases en el colegio Infanta Elena -cuando era director Luis León– y el instituto Camilo José Cela. Más abajo. A los once años quería estudiar psicología porque le llamaban la atención los asuntos de la mente. Era espabilada y hasta le adelantaron un curso que, por circunstancias, luego le atrasaron. «Pero estoy segura de que era carne de cañón para el fracaso escolar, me gustaban más el judo y el atletismo, que practiqué durante diez años, y me aterraba la palabra selectividad».
Gafas violeta
Así que tiró por la calle del medio, la formación profesional. Gracias a su orientadora, se matriculó en un grado de Integración Social y desde ahí accedió a la universidad. Aunque lejos de casa. Como la nota no le dio para estudiar en Madrid encontró su lugar en Almería. Y ahí comenzó vida y ruta. Entre la facultad y las montañas. Con rocas y una cima a modo de doctorado que pudo empezar a escalar en ese momento -obtuvo matrícula en su TFM titulado Programa de apoyo psicosocial para la gestión emocional del cáncer infantil- pero que no divisa hasta ahora (está en cuarto año de doctorado en Estudios Interdisciplinares de Género). «Pudieron más mis deseos de recuperar una relación de pareja que atravesó mecanismos psicológicos que sostienen el ciclo de la violencia como la culpa, dependencia emocional, hiper responsabilización, idealización o indefensión aprendida».
De eso va el estreno en solitario de Diana. Es un desnudo integral. Quizás porque estamos en otoño, el mes de la caída de la hoja por excelencia, nos está pasando a muchas. A Teresa un poco antes. A mí con «Relatos de taberna» (próximamente en sus pantallas). Seguro que no somos las únicas. El objetivo es el mismo: mostrar sin tapujos, a pecho y corazón abiertos, realidades, sentimientos o reflexiones… estados del alma.
Con la intención de arrojar luces y sombras. Autoayuda en caso de situaciones parecidas. «Poemachismo es un manual preventivo para chicas. Lo he escrito desde un compromiso personal y político* para abrir horizontes hacia la igualdad. Con gafas de feminista. Porque una vez que te las pones, ya no te las quitas».
(*) Las feministas, en los años setenta, decían que lo personal es político. En la dedicatoria de mi libro, Diana Rodríguez-Rey añade que también es terapéutico.
«Deseo oír tu voz,
entre la penumbra y el dolor…
cálida y tenue como el sol…».
«Y me dijiste vete
Queriendo romper nuestro devenir.
Y me dijiste vete.
Y me cansé y me fui».
«Cuando pasó una semana, comencé a ser más consciente del proceso que había vivido. Uno de los primeros hechos que me hicieron despertar de ese letargo fue la primera vez que comí cocido de mi madre. Comencé a llorar desconsolada y fue tras darme cuenta de que, por controlar, habías controlado hasta mi dieta».
Diana Rodríguez-Rey Sánchez. Poemachismo

Firmando «Poemachismo», con bolígrafo violeta, en la Feria del Libro de Majadahonda.
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Cartel de la presentación de mañana, al atardecer, en Suri Garden Lounge Pozuelo.

