A horas de las campanadas con Estopa y Chenoa -esto lo tengo claro- he cogido algo de abrigo y las gafas de sol para subir a la azotea. Reconozco que no me ha sentado bien que saliera precisamente hoy que me he levantado con las ideas claras y la intención de resumir doce meses de información y emociones. 2025 ha sido un año cargado de buenos momentos pero también de golpes inesperados. Una, que está acostumbrada a ellos, no termina de encajarlos. Comenzaba con la magia de los Reyes Magos en el templete del Parque de las Minas. A pesar de mis encuentros con los de Oriente, fue la primera vez que les tuve tan cerca. Además de hacernos fotos intercambiamos impresiones. Nos deseamos doce meses repletos de buenas noticias. En los que he publicado cerca de setenta historias. Tres de ellas en Patio de Vecinos relacionadas con la superación personal. Dos más en forma de receta, firmadas por Gemma Casillas, nuestra cocinillas de confianza y una reseña cultural de Jesús Gironés. El experto en arte hacía tiempo que no escribía. Igual pronto nos sorprende con una propuesta ilustrada. A cuatro manos. Nunca se sabe. Lo que sí voy a anunciar, a platillo (sin autobombo; eso ya lo hice en otra azotea) es que en 2026 estrenamos sección. Tras los casos reales de Pilar Palomo, a la que seguimos adorando -y soñando con una Fundación en su casa está en camino una docena de relatos de ficción. Con la firma de Margarán. Para escapar de la realidad; al menos una vez al mes. Vas a alucinar.

En 2025 he publicado la última colaboración de María Esperanza Morón. En septiembre y sobre las Fiestas Patronales en los años cuarenta. Nunca he copiado y pegado. Siempre consensuamos sus textos, buceaba en la red para ilustrarlos con imágenes inéditas y los modificaba, un poquito, para adaptarlos al lenguaje periodístico. Ese que ahora está descubriendo Germán Garabatos, el fichaje más joven de la redacción. Este año he perdido un referente -también a una amiga- y he ganado un veinteañero curioso y valiente, capaz de aceptar el reto de escribir sobre Alejandro Amenábar. Además de excelente alumno es bálsamo y confidente. Por eso, la sensación es agridulce. En medio de la tristeza se abre paso la certeza de que juntos vamos a reportear tradiciones y, en compañía de otros, a mantener viva la llama de su legado.

Durante meses he vertido ríos de tinta sobre literatura autóctona o de un poquito más allá. Con el grupo de Escritores Escondidos, LibreyAzul y Fede Serrano he participado en presentaciones -la más difícil el pasado 26 de noviembre- y representaciones. La próxima será el domingo 18 de enero en el coqueto teatro de La Inseparable. Espero reencontrarme con muchos amigos y con los pasajeros del tren de las gachas. No las había probado y me gustaron mucho.

También he compartido experiencias con los mayores y vivido intensamente acontecimientos culturales -mi auténtica debilidad- fiestas populares y patronales  recorriendo a pie calles, plazas, recintos y avenidas. Lo mismo cuando llegue Bicimad me desplazo en bicicleta. He vuelto la vista atrás con ayuda de imágenes de otro tiempo. Que forman parte del archivo de la Asociación Cultural La poza. Como decía la Alcaldesa, Paloma Tejero, el día de la metopa, en una clara apuesta por la intrahistoria. Seguiré haciéndolo en 2026.

En el nuevo año voy a tratar de que no se extinga la llama de La Voz de Pozuelo. Aunque los vientos de la vida soplen fuerte. Hace tiempo que me convertí en junco.

¡Feliz 2026!

P.D. En 2025 se ha publicado en la antología «Escritos de Taberna» (a la venta en Zepol y Don PapelNo te mueres, no; el relato más difícil que he escrito en mi vida. Ni te imaginas lo que cuesta desnudar el alma.