Desde febrero no subía a la azotea y menudo calor. Con las Fiestas Patronales en honor de la Virgen de la Consolación a cinco días me ha parecido oportuno. Desde el anuncio del nuevo recinto ferial y las últimas del Carmen no se habla de otra cosa en las terrazas de los bares. Que si se están llevando los festejos del pueblo, que si no va a haber conciertos en la plaza, que si va a desaparecer la Quedada Generacional… Así hasta que el Ayuntamiento publicó el programa. Lejos de tranquilizar a las masas, porque hay actividades para todos los gustos, siguió sembrando malestar y dudas. A mí que no me gusta que me lo cuenten me preocupa, sobre todo, carecer del don de la ubicuidad. En otro tiempo, tan sólo tenía que caminar, a buen ritmo, de un lado a otro. Con las zapatillas que, poco antes de la Semana Grande, compraba en Kalzza para desplazarme con comodidad. La zapatería que ha calzado a tantos vecinos cerró sus puertas en junio poco después de soplar veinte velas. Este año no verás en su escaparate muñecos con los pañuelos de las peñas, con las que Yoli y Conchi colaboraban, ni las banderitas de colores. Y por Navidad no saldrá la luna ni el reloj dará las campanadas. Todo cambia.

Le había pedido a las chicas fotografías de los primeros años de Kalzza pero no aparecen. Quizás es mejor así. Quedarse con los momentos vividos pero sin nostalgia. Sin embargo, es complicado no sentirla.

Conchi y Yoli nos ayudaron a que nuestros hijos dieran sus primeros pasos con seguridad y a que nuestras madres fueran cómodas a la Procesión. Consiguieron que los zapatos escolares duraran prácticamente todo el curso y trajeron al barrio las sandalias y botas más chulas; temporada tras temporada. Por no hablar de las zapatillas de deporte o de esos complementos que te resolvían cualquier compromiso.

Con todo el cariño del mundo y la profesionalidad que traían de serie se mezclaron con los vecinos en una tienda cercana. Que ahora está cerrada. Un auténtico comercio de barrio, de esos que están en peligro de extinción. Pero además consiguieron participar de la vida social gracias a sus inquietudes artísticas -que les llevaron a ganar varios premios en los concursos de escaparatismo navideño– y sus iniciativas para dinamizar el centro. Ese que últimamente anda tristón pero que en nada se llenará de luz y color. Porque no todo el año van a ser sombras.

El bar Norte y el JM tampoco están abiertos, los encierros ya no bajan por San Roque y el despacho de churros ya no lo regentan los churreros del pueblo. Pero el sentimiento va más allá de lugares o de propuestas. Tiene que ver con las personas, con los momentos compartidos, con los abrazos, con los brindis… Quizás ese es el fondo del asunto; el fondo de unas fiestas patronales.

Buscando en el baúl de los recuerdos -en homenaje a Karina- he recuperado algunas fotos con amigos en las fiestas (muchas firmadas por mi querido Noel) o en el torneo de fútbol de veteranos o tras mi encuentro con las chicas del chiringuito que, aunque siguen al pie del cañón, ya tienen relevo generacional.

Claro que todo cambia. Hace más de tres décadas los conciertos se celebraban en la plaza de la Cultura. No en una gran carpa a la que, en mi caso, conviene acceder con pase de prensa. Y, antes de darlo todo, nos tomábamos una hamburguesa en Begoña.

Cuesta adaptarse. Pero no queda otra.

¡Nos vemos por las calles!

Asunción Mateos Villar